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Arquitectos del calzado

2 mayo, 2019

Aldanondoyfdez es una firma de calzado artesano impulsada por Catuxa Fernández e Ignacio Aldanondo. / Aldanondoyfdez

Aldanondoyfdez, firma de calzado artesano impulsada por Catuxa Fernández e Ignacio Aldanondo, ofrece zapatos hechos a mano y de calidad en su taller-showroom del Eixample

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Catuxa Fernández e Ignacio Aldanondo son dos artesanos del calzado por convicción. Medio cansados ​​y desengañados de su profesión, la de arquitectos, apostaron por formarse y empezar a hacer zapatos de una manera totalmente artesanal, donde cada pieza se trabaja a mano sin escatimar tiempo, esfuerzos o recursos. Hoy tienen un taller-showroom en medio del Eixample barcelonés donde fabrican zapatos a mano y a medida, y donde reciben la clientela.

“Desde siempre me ha interesado el mundo de la indumentaria, y en especial el del calzado -explica Ignacio-, pero fue la crisis del sector de la construcción la que provocó que tuviéramos menos trabajo y más tiempo libre, hecho que trastocó ciertos aspectos de nuestro día a día”. Ante esta realidad, Ignacio le comentó a Catuxa -su socia en el despacho de arquitectos que abrieron al terminar la carrera-, su interés por acercarse al mundo del calzado “pero de una manera no profesional”, apunta. Y, dicho y hecho, en 2011 ambos se matricularon en un curso sobre los secretos del calzado artesano.

A raíz de esta primera prueba se enteraron de la existencia de Josep ‘Pitu’ Cunillera, un maestro zapatero que ha formado a muchas generaciones de zapateros artesanos, con quien contactaron y que acabó convirtiéndose en su referente. “Para mí, entrar en el mundo del calzado artesano ha sido algo terapéutico”, afirma Ignacio, mientras trabaja para intentar terminar un par de zapatos que les han encargado, y a los que dedican, de media, unas 50 horas. “En la arquitectura, poco a poco dejamos de hacer maquetas, de dibujar y, en definitiva, de hacer lo que más me gustaba del oficio de arquitecto. En conjunto, nuestro trabajo nos daba más dolores de cabeza que satisfacciones”.

 

El paso de la arquitectura al calzado

Durante dos años, los dos jóvenes arquitectos iban cada lunes a ver a ‘Pitu’ en su taller del Raval, “lo que nos permitía reafirmar que el mundo del calzado podía ser una salida profesional que mejorara aspectos de la arquitectura con los que no estábamos del todo contentos. El calzado nos permitía hacer un trabajo manual, que nosotros echábamos de menos”, explica Ignacio añadiendo:” En ningún momento dijimos ‘hemos nacido para ser zapateros’, pero sí vimos que este era un oficio que tenía las virtudes de la arquitectura y que, al mismo tiempo, sumaba otros como la paciencia, el trabajo manual, el hecho de poder construir un objeto de principio a fin sin delegar ninguna parte del proceso… Todos estos aspectos hicieron que un día nos decidiéramos a probarlo”

Si en un inicio, hace cinco años, combinaban la arquitectura y el calzado, hace tres decidieron cerrar el despacho para dedicarse sólo a fabricar zapatos artesanalmente. “Cerrar un despacho de arquitectura es algo complicado, pero teníamos claro que queríamos hacer este cambio profesional”, explica Catuxa. Y lo que había empezado siendo un hobby se ha convertido en su nueva profesión.

 

Aprender a partir del ensayo-error

Los inicios de Aldanondoyfdez no fueron fáciles. “Realmente hemos aprendido a partir del ensayo-error. No teníamos demasiados referentes, y extrapolar otros negocios al nuestro no era posible. Además, había quien nos decía que sólo produciendo en fábricas podríamos hacer que el negocio fuera rentable, pero esta no era nuestra filosofía”, remarca Catuxa. Con la firme voluntad de hacer que el nuevo proyecto saliera adelante, ambos emprendedores continuaron formándose, pasaron por Barcelona Activa para hacer un curso específico de artesanos, “donde nos explicaron cómo hacer un plan de empresa, aspecto que no nos habíamos ni planteado”, comenta la zapatera.

Mientras Ignacio continúa trabajando en el par de zapatos que debe terminar, Catuxa explica que aprendieron a hacer calzado modificando los moldes o formas, tomando las medidas a los clientes… “como si fuéramos sastres”. Todo ello requería hacer un zapato de prueba, que el cliente fuera tres o cuatro veces al taller, lo que no siempre era fácil y práctico para este. “Es un proceso muy bonito, que a nosotros nos emulaba al de la arquitectura, porque creas, diseñas y construyes en colaboración con el cliente, pero todo esto que para nosotros era tan atractivo, vimos que no era operativo para a nuestros clientes, muchos de los cuales venían de fuera y no podían dedicarnos tantas horas”, comenta Catuxa.

Una buena parte de la clientela de Aldanondoyfdez es extranjera, especialmente de Estados Unidos, “y los americanos valoran el trabajo que hacemos y el producto final”. Este reconocimiento no siempre lo encuentran aquí “en parte porque se desconoce el oficio, la dedicación, la calidad de los materiales…”, reflexiona Catuxa, quien es consciente de que sólo encajan entre una determinada clientela.

 

La venta en línea

Para poder llegar a más clientes extranjeros, la empresa ha tenido que cambiar parte de su manera de hacer. Ahora, además de tener un trato directo con el cliente y fabricar productos a medida, también ofrecen la posibilidad de comprar un par de zapatos en línea, lo que evita que el cliente tenga que desplazarse a Barcelona. “Optamos por empezar a vender a través de nuestra página web para poder llegar a un público más amplio. Para ello, ofrecemos en línea sólo una selección limitada de modelos, en concreto aquellos que sabemos que, por su forma o cierre, funcionarán, aunque la gente no se los pruebe previamente. Aun así, pedimos mucha información al cliente para ofrecerle el zapato que mejor le pueda encajar según el tipo de pie”.

A pesar de la opción de poder comprar en línea, tanto Catuxa como Ignacio prefieren que, si la persona vive en Barcelona o le es fácil desplazarse hasta el taller, se acerque para probarse los zapatos. “El contacto directo es muy enriquecedor, y nos ayuda a hacer el zapato que realmente encaja con esa persona”, añade Ignacio.

 

Instagram, un aliado

Además de potenciar la página web para poder vender a distancia, Aldanondoyfdez utiliza las redes sociales, y en especial Instagram, para llegar a la ciudadanía. “El 99% de los clientes nos conocen gracias a Instagram. La tienda en línea es una herramienta, pero hoy por hoy nos ven, nos escriben, nos preguntan y se informan a través de Instagram”. Por este motivo, ambos dedican horas y horas a hacer y colgar vídeos de calidad e informativos, donde explican el proceso de fabricación del calzado, al mismo tiempo que tienen en cuenta otros detalles como el packaging. “Somos conscientes de que la estética es importante, y la tenemos muy en cuenta, pero no consideramos que el nuestro sea un producto de lujo a pesar de que su precio hace que nos dirijamos a una clientela determinada que valora tanto el fondo como la forma”. Entre los clientes de Aldanondoyfdez encontramos tanto profesionales independientes del diseño, la creatividad, la fotografía, la danza … como personas a las que les atrae la filosofía que hay detrás de la firma y compran un par de zapatos para hacer un regalo especial.

 

Buscar nuevos mercados

De cara a un futuro próximo, los dos emprendedores son conscientes de que hay que incidir más en la labor comercial. “El producto gana mucho viéndolo y tocándolo, y esto lo deberíamos poder explotar más”, subraya Ignacio. Por este motivo, tienen previsto proponer a la persona que los representa en Tokio, donde tienen un punto de venta, que les ayude a llegar al mercado asiático, al tiempo que quieren adentrarse en Estados Unidos y probar suerte en los países nórdicos, “donde pensamos que nuestro producto puede tener una muy buena acogida, ya que es un calzado que se dirige a un tipo de consumidor que apuesta por ‘menos y mejor’”.

 

Proveedores de confianza

Uno de los problemas con el que se encuentra la firma es el de contar con proveedores de confianza. “Es muy complicado encontrar buenos proveedores, en parte porque el oficio casi ha desaparecido y hay muy poca gente que se dedique a hacer calzado de manera artesanal”, comentan.

En Alicante, la meca del calzado, ven a esta pareja de emprendedores como “un bicho raro”. Además, se encuentran que necesitan comprar unos mínimos de cada producto -que no siempre necesitan- y, a la vez, trabajan con materiales que no son regulares. “La piel es como la carne -explica Catuxa-, nunca sabes cómo te vendrá y, aunque con el tiempo hemos aprendido a analizar la materia prima y a utilizar diferentes partes de la piel según qué necesitamos hacer, siempre tienes que estar atento”.

 

La docencia

Además de incidir en la labor comercial, otro de los caminos que han abierto es el de la docencia. “Empezamos haciendo charlas donde explicábamos qué hacemos y cómo lo hacemos. Después nos pidieron impartir parte de un máster de Diseño en Valencia y ahora hemos empezado a dar clases en dos escuelas de Barcelona, ​​en el IDEP y en Felicidad Duce, la Escuela de Moda de LCI. En conjunto, es algo que nos satisface mucho, a la vez que nos enriquece el contacto con los alumnos y nos obliga a replantearnos qué hacemos, tanto en el trabajo del día a día como en la filosofía que hay detrás “, comenta Catuxa.

Aldanondoyfdez no descarta adentrarse en la fabricación de otros productos, como pueden ser sillas, lámparas… “Estamos abiertos a todo”, exclama Catuxa, añadiendo: “Hoy sentimos que somos libres haciendo nuestro trabajo de la manera como la llevamos a cabo. Y eso, para nosotros, ¡es muy importante!”.

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