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La eterna pasión entre el cine y la moda

18 marzo, 2013

Annie Hall formó parte del ciclo El film a l'agulla. / Filmoteca de Catalunya

¿Qué ha hecho el cine por la moda? ¿Y qué ha hecho la moda por el cine? Con estas dos preguntas, la Filmoteca de Catalunya articula una exposición con el título El film a l’agulla, que muestra algunos de los capítulos decisivos de la historia de amor entre el celuloide y la moda.

Hay prendas de ropa que han simbolizado una época. Por ejemplo, la camiseta blanca y los tejanos de James Dean, o el jersey de botones, corto, sin cuello y de lana que lucía Joan Fontaine en la película de Hitchcock, Rebeca.

Muchas de estas prendas que el cine ha convertido en modas, o que ha reproducido en largometrajes, porque de hecho ya lo eran, están incluidas en el “inventario” que el director adjunto de la Filmoteca de Catalunya, Octavi Martí, ha preparado para la exposición El film a l’agulla.

Con Octavi Martí hablamos de la historia de amor que cine y moda mantienen desde los mismos orígenes del celuloide. “El cine se convierte, desde su inicio, en prescriptor de modas”, explica Martí.

“No hay moda, si no es adoptada en la calle”, aclama uno de los plafones de la exposición de la filmoteca, recordando la célebre frase de la diseñadora Coco Chanel. Un buen ejemplo de ello, lo comenta Martí, haciendo referencia a la tendencia sofisticada que se difundió a partir de la película Bonnie and Clyde: las faldas largas y la boina inclinada que llevaba la actriz, y antes modelo, Faye Dunaway influyeron también en toda una generación.

Crítico cinematográfico, realizador de cine y televisión, y corresponsal de prensa, Octavi Martí se apasiona rememorando las escenas que él mismo destaca como referentes indiscutibles en la relación entre cine y moda.

Cómo explicar la moda

El protagonismo de la moda en el cine no solo es visible a través de los trajes de los actores, sino también cuando una película se centra en la historia de un creador, o cuando la excelencia del trabajo de un diseñador de vestuario trasciende las salas de proyección y salta a las pasarelas. Donatella Versace, Valentino, Prada o Armani han sido protagonistas de documentales sobre la industria de la moda, dirigidos por directores indiscutibles como Wenders o Scorsese. Incluso Tom Ford se atrevió con una proyección en la que participaba y dirigía. Un buen ejemplo de punto de encuentro de las dos vidas paralelas que significan moda y cine.

“Hasta los años 60, en el mundo del cine contaban los actores y el nombre de la productora. La gente iba a ver a los actores atraídos por el nombre de grandes productoras como la Metro, por ejemplo. Más adelante, se articula una tendencia en la que lo que más atrae a la audiencia es seguir el rastro de la genialidad de un director. Es el nacimiento de una nueva liturgia en el cine: el director como gran reclamo”, explica Martí.

¿Por qué no se han popularizado los nombres de los grandes diseñadores de vestuario que ha tenido el cine?

La gran mayoría no vestía gente fuera del cine. Supongo que en pleno esplendor de los grandes estudios de Hollywood, los diseñadores ganaban más dinero en el mundo del cine que abriendo su propia tienda. Seguramente, por este motivo, muchos diseñadores no saltan a las pasarelas. Además, tenían que supervisar muchos vestuarios a lo largo del año, y su trabajo les dejaba poco tiempo para otros proyectos.

Adolph Greenberg rompe claramente con este anonimato general

Sí, Adrian, como era más conocido, incluso tuvo tienda. Era uno de los diseñadores de vestuario más conocidos. Firmó más de 200 prendas para la MGM, entre las que destacan las que hizo para El mago de Oz o para Historias de Filadelfia.

Algunos diseñadores han sido llamados por cineastas precisamente porque son conocidos

Sí, eso lo explicamos en la exposición. Tienen un universo reconocible y personal, y por eso, se les llama para participar en un film.

Aunque en general, como decimos, el diseñador no es o ha sido la estrella de la película

Al igual que los dobladores, los actores secundarios u otros técnicos imprescindibles, los diseñadores eran un nombre más en la larga lista de títulos de crédito. Ellos están al servicio de la vanidad y la belleza de otros. Aunque hay nombres que claramente resuenan para la gente del oficio, como Natacha Rambova, que además de diseñadora de vestuario fue actriz ocasional y mujer de Rudolph Valentino.

Otra excepción podría ser Edith Head.

Sí, ganó varios Oscar en reconocimiento a su trabajo.

¿El cine resucita modas?

Sí, la serie televisiva Mad men es un ejemplo de ello. Esta serie hace mucho por resucitar el estilo de vestuario de finales de los años 50 y principios de los 60 en EE. UU. Gracias al cine o la televisión puedes reconstruir decorados y vestuarios con una altísima calidad y acercarlos a millones de personas. Esto, de momento, solo lo consigue el cine.

Después de analizar la treintena de films de la muestra, ¿diría que el cine refleja las modas o las crea?

En esencia, el cine creaba más moda que reflejaba la que existía. Aun así, creaba estas modas a partir de la imagen y los valores de la sociedad existente.

Finalmente, la exposición incluye una única muestra de la relación entre el cine y la moda de aquí. ¿Por qué?

Seguramente porque los diseñadores importantes que hemos podido tener se han ido a trabajar fuera. Además, cuando ha habido buenos creadores de moda —en Barcelona los ha habido— raramente han conseguido tener repercusión internacional. Han sido muy buenos diseñadores, pero de Barcelona. No ha habido una plataforma potente de popularización de los diseñadores de aquí.

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