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Moda impresa en 3D, presente y futuro

30 enero, 2017

Vestido impreso en 3D por Danit Peleg y que llevaba la atleta norteamericana, Amy Prudy, en la inauguración de los Juegos Paralímpicos de Rio 2016. / Danit Peleg / Photo credit: Marina Ribas

Profesionales y emprendedores de Barcelona se forman e impulsan la impresión 3D como sistema de producción y distribución de moda.

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Abrir el ordenador; descargar un archivo de la tienda de un diseñador; enviarlo a la impresora; obtener unas faldas. ¡Y pagar claro! Este proceso lo podrían estar haciendo en su casa, millones de persones de todo el mundo de aquí a unos pocos años. La imagen evoca un escenario futurista que está más cerca de una  película de ciencia ficción que de las rutinas productivas que imperan en el sector de la moda. Hasta ahora, la producción y el consumo eran procesos diferenciados que protagonizaban diferentes actores. Los diseñadores y las fábricas se encargaban del primero y el público del segundo. Es decir, unos de producir y otros de consumir, respectivamente. No hay lugar para la confusión. Pero la impresión 3D tiene el potencial de modificar esta distribución de roles. Hasta el punto que ya se haya puesto nombre a un nuevo actor: el prosumer. Definido con un anglicismo -como podíamos prever-, se trata de un individuo con capacidad de producir aquellos bienes que consume. La capacidad se la da la impresión 3D doméstica que le permite fabricar individualmente, productos personalizados y hechos a medida solo para él.

La tecnología de impresión 3D está en pleno desarrollo en ámbitos tan importantes como la generación de órganos humanos o el sector alimentario. Aunque aún vive en la etapa infantil, su potencial ha seducido también a los profesionales del sector de la moda y de la industria tecnológica. Ven la impresión 3D como un elemento de éxito y disruptor del paradigma productivo que ha imperado en este sector hasta hoy.

 

¿Imprimir tejido?

“La impresión 3D es una de las muchas formas de fabricación digital de moda. Su futuro está en la ultrapersonalización y en la creación de pequeñas series”, resume el investigador en diseño de interacción, Òscar Tomico que trabaja en el departamento de diseño industrial de la Eindhoven University of Technology, en los Países Bajos y que ha colaborado en varios proyectos sobre tejidos inteligentes con Eurecat. “Cuando hablamos de imprimir en 3D moda, no estamos imprimiendo tejidos, sino que utilizamos los materiales que la impresora necesita”, concreta la responsable del Fab Textiles del Fab Lab Barcelona, Anastasia Pistofidou. Desde 2011, cuando acabó su máster en el Instituto de Arquitectura Avanzada de Catalunya, esta tecnóloga creativa, de origen griego, se ha dedicado a formar profesionales independientes y futuros diseñadores en el uso de la impresión 3D para la moda. Lo hace en Barcelona, en el Fab Textiles y también en muchas otras ciudades del mundo. Siguiendo el ejemplo de la capital catalana, se encarga de abrir otros espacios como el Fab Textiles por todos lados. El objetivo es acercar a la sociedad el uso de las últimas tecnologías aplicadas en el sector textil. Entre ellas la impresión 3D. Una tarea que también realizan algunas de las escuelas de moda de Barcelona y con las que tanto Pistofidou como Tomico colaboran para que los diseñadores conozcan el potencial de esta tecnología y además, la sepan utilizar.

“En el 2013, trabajé con la diseñadora Natalia Suschenko -formada en el Instituto Europeo de Diseño de Barcelona- para la creación de unos zapatos impresos en 3D. Ella nos hizo los bocetos y nosotros el modelado en 3D y la impresión”, recuerda Pistofidou sobre una de sus primeras experiencias en moda impresa con tecnología 3D. “El acceso más rápido de la impresión 3D en el mercado de la moda, es por la vía de los accesorios. Botones o  bolsillos por ejemplo. Además, ofrece acabados y texturizaciones muy especiales”, describe Tomico. “Puedes hacer formas bastante complejas, te da una gran libertad en este sentido. Formas que no podrías hacer con otro método de producción industrial”, añade  Pistofidou.

 

Pioneras

La diseñadora israeliana Danit Peleg es uno de los ejemplos más citados cuando se habla de impresión 3D en moda. En julio, visitó Barcelona coincidiendo con la primera edición de In(3D)ustry. Una feria que reunió profesionales de sectores muy diversos pero que todos trabajan con impresión 3D. Es el caso del diseñador industrial Pep Farrés que afirma: “Pienso que es una tecnología en expansión y con mucho futuro, tanto para el usuario final como para la industria, y con posibilidades de cambio para todos los sectores productivos”. Farrés escuchó a Peleg que estuvo al cargo de una de las ponencias de esta nueva feria. Allí, explicó su experiencia imprimiendo una colección entera en 3D. “La tecnología siempre ha sido un elemento primordial de la industria de la moda”, nos explica esta diseñadora ahora ya desde Israel. En su país, trabaja en la segunda colección con una impresora diseñada en Madrid, la Witbox 2 y con un filamento, el Filaflex, desarrollado por la empresa Recreus de Alicante. “En breve, el cliente no me necesitará, solo tendrá que descargar un archivo mío, hacerle las modificaciones que quiera e imprimírselo. Hemos aprendido mucho de la industria musical”, señala Danit Peleg haciendo referencia al modelo de distribución que utilizan las discográficas para vender sus productos en Internet.

Con este material, el Filaflex, y utilizando una Witbox 2 se imprimió el vestido de Peleg que llevaba la atleta norteamericana, Amy Purdy, en la ceremonia de inauguración de los Juegos Paralimpicos de Rio 2016. Un vestido como aquel requiere 120 horas de impresión. A pesar de que puede parecer mucho, esta cifra supone más de la mitad del tiempo que se necesitaba en 2015. Impresoras domésticas como las que utilizó entonces, Danit Peleg tienen la ventaja que acercan la tecnología 3D a personas que no tienen una alta especialización técnica. Dice Jon Goita, el director técnico de productos 3D de Bq, la empresa que la fabrica, que la clave para popularizar esta tecnología está en “hacer lo más sencillo posible el proceso de impresión”: “Personas como Danit Peleg quieren resultados y no complicarse con los detalles técnicos. Además, la medida de impresión que ofrecemos con la Witbox 2 es la más grande del mercado y la fiabilidad de la máquina es muy alta también. Cada sección de tejido representa veinte horas de impresión y por esto, es muy importante que el resultado final sea el que quieres. Hay muchas horas detrás de una pieza. Hoy podemos garantizar el cien por cien de éxito de la impresión, pero antes de cada 10 piezas, solo 7 salían como queríamos”.

En el Fab Textiles, se utiliza la impresora Reprap fabricada en Barcelona por la Fundació CIM y su responsable también cree que la clave para conseguir popularizar la impresión 3D a nivel doméstico, esta “en la formación tanto de los diseñadores, como del público en general”. Pistofidou añade: “Hace falta  capacitar a la gente, para que conozcan las opciones existentes, como modelar en 3D y como producir. Después, la investigación en nuevos materiales evolucionará rápidamente”. Cuando se refiere a los materiales, Pistofidou tiene claro que las opciones existentes pronto serán substituidas por propuestas mucho más atractivas y parecidas a los tejidos que ahora conocemos.

 

El hilo del futuro

Una de las personas que mejor conoce los materiales actuales es el gerente de Recreus, la empresa que fabrica el filamento que utiliza Danit Peleg. Ignacio García explica que el Filaflex está hecho de poliuretano y una combinación de aditivos que dota este material de una gran elasticidad y resistencia a la vez. Estos dos atributos lo hacen idóneo para la impresión 3D y son de momento, lo más cercano al tejido que se puede utilizar con esta tecnología. “Es necesario que los materiales sean mejores, pero pronto lo serán. Yo utilizo Filaflex que es como una goma pero es el mejor material que he probado hasta ahora. Aún nadie ha desarrollado materiales que sean como la seda, por ejemplo. Cuando esto pase, habrá una revolución en el sector de la moda”, dice convencida Danit Peleg. En este sentido, García a pesar de no poder avanzar aún los detalles, asegura que “en 2017 sacaran al mercado una nueva tecnología para la impresión 3D que será muy importante para el sector de la moda”.  Con el Filaflex pero, ya han conseguido ser un referente dentro del ámbito de la impresión 3D aplicada a moda. Incluso, por delante de las propuestas que llegan de los EEUU. “Sobre todo por la flexibilidad que ofrece, pero también porque hemos sabido diferenciarnos por lo que respecta a la variedad de colores”, destaca García. Su empresa colabora con la Fundació CIM de Barcelona para el desarrollo de nuevas impresoras 3D adaptadas a mejores materiales que substituyen el tejido.  Recreus además, ya está imprimiendo y comercializando zapatos impresos en 3D. “Ofrecen el mismo grado de resistencia que los convencionales”, explica su gerente.

 

El siguiente

Cuando le preguntamos a Pistofidou sobre el potencial de la impresión 3D de moda, asegura que “puede cambiar completamente la manera como consumimos ropa hoy”. Y destaca la posición de ventaja que tiene Barcelona: “Aquí, hay una gran tradición de aplicar la tecnología al textil, hay grandes empresas de moda y muchas escuelas de diseño. Esto hace de Barcelona una ciudad magnífica para el desarrollo de la impresión 3D de moda”. Ahora bien, Pistofidou hace una pausa y añade: “Un paso muy importante sería no solo que la gente tuviera impresoras 3D en casa, sino también las máquinas para reciclar las piezas que no se ponen y que no se han hecho bien”. En la misma línea, el investigador Óscar Tomico reflexiona sobre la importancia de unir la perspectiva de una economía más sostenible al consumo de moda, aprovechando la irrupción de esta nueva tecnología: “Estamos al inicio de la creación de un nuevo modelo de negocio. Seria muy interesante que nos planteáramos que fuera sostenible. Si todo el mundo tiene una máquina, esto implicará que además de consumir ropa, consumiremos impresoras. ¿Será más sostenible esto que fabricar en la otra parte del mundo y tirar un treinta por ciento de lo que se produce, como pasa actualmente?”.

La realidad pero es que aún se desconoce cuál será el futuro de la impresión 3D de moda. ¿Qué modelo de negocio imperará? “Aún no sabemos si esta tecnología se quedará en los centros de investigación, en las universidades o llegará al gran consumidor. Dependerá de quién lidere su proceso de difusión. Podría ser una gran empresa del sector de la moda como Zara o una empresa tecnológica. Es cierto que hay una gran comunidad interesada en esta tecnología y Barcelona es un ejemplo de esto último. También es cierto que tenemos el conocimiento y las capacidades para impulsarla”, responde Tomico.

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