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Plasmar la personalidad en un vestido blanco

12 mayo, 2015

Taller Jordi Anguera / Jordi Anguera

El diseñador Jordi Anguera, y creador de El Tocador de la Novia, nos cuenta cómo vive la temporada nupcial y cuáles son sus proyectos de futuro.

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«Fui a la boda de mi prima y yo no me pondría su vestido, pero era perfecto para ella», esta es la mejor frase que le puede decir una nueva clienta al diseñador de moda nupcial Jordi Anguera. «Plasmar la personalidad de una persona en un vestido no es sencillo y creo que yo lo consigo», asegura. Su trabajo se trata esencialmente de hacer esto, convertir caracteres, formas de hacer y de pensar en formas para vestir el cuerpo a partir de tejidos blancos. Todo un reto, sobre todo cuando hablamos del sector novias. «Por ello, es una alegría cuando una nueva clienta viene solo porque ha visto que lo que hemos conseguido hacer ajustaba a la personalidad de alguien que conoce».

Jordi Anguera lleva veintitrés tres años en el oficio de diseñador. Conoce rápidamente el perfil de novia que tiene delante y le gusta emprender un vestido nuevo y único para cada una. «Me divierte trabajar con estilos muy diferentes, moverme de una tendencia a otra y evitar encasillarme en una moda determinada», explica desde su taller de  Barcelona. Allí recibe todas sus clientas, «siempre las atiendo en un momento u otro del proceso», destaca.

La firma de Anguera, que lleva su mismo nombre, vive ahora mismo uno de los momentos más álgidos del año. «Comienzan las primeras pruebas, después vendrán las segundas, las terceras e, incluso, las cuartas. Dependerá de cada novia y de cada diseño», explica el diseñador. Hay dos grandes líneas de trabajo dentro de su taller: la confección a medida y los vestidos de colección. Esta última se renueva cada temporada y, este año, se caracteriza por las líneas románticas, gracias a las bases de crepé y satén o las gasas, los tules de seda y el chantillí. La colección también tiene rasgos de sofisticación que le aportan las organzas, los bordados y las estructuras
clásicas, construidas a partir de piqués, tafetanes o cinturas altas.

Cuando una novia se inclina por un vestido de colección, el trabajo de Anguera se centra en ajustar los elementos de aquel diseño, ya completado, para adaptarlo a sus necesidades. Ahora bien, cuando se trata de trabajar una propuesta de confección a medida, el proceso es más complejo. «Entonces es muy importante ver si hay una buena conexión entre la novia y yo. Se trata de entender sus necesidades, su idea de vestido, lo que tiene en la cabeza. Para que esto sea posible, debemos establecer una buena conexión», destaca el diseñador. Cuando un traje a medida de Jordi Anguera está terminado, es difícil distinguir dónde empieza y dónde acaba la creatividad de él y la de la novia. El resultado es, en realidad, un perfecto equilibrio entre lo que la clienta ha soñado para el día de su boda y el saber hacer de Anguera a lo largo de los años.

«Nuestra forma de trabajar hace que si no puedo llegar a visualizar lo que quiere una novia en nuestro primer encuentro, tengo que decir que no puedo hacerle ese vestido», afirma contundente el diseñador. Anguera cree que hay que combinar un resultado que le guste a la novia, con un vestido que pueda transmitir la creatividad y el trabajo de su taller. «Nosotros vivimos en un 70% del boca a boca. Esto quiere decir que no invertimos en publicidad ni desfilamos y, por tanto, los vestidos que salen del taller terminarán siendo la mejor forma de promocionar nuestro trabajo», matiza el creador.

 

Crear sobre el cuerpo

Anguera comenzó en este oficio cuando tenía veintidós años. «Era muy joven –recuerda– y opté por diseñar novias por un motivo puramente funcional. Las mujeres que buscaban un modisto, en el año 1992, querían alguien con experiencia y yo era demasiado joven. Por ello, me pregunté: «¿Con qué mujer puedo conectar?» Y yo mismo me dije «con la novia». El creador comenzó a trabajar en el sector novias «fruto de la necesidad», como él mismo recuerda. Los años han pasado y la novia sigue siendo el pilar de su taller. Realiza vestidos de fiesta y acompañante, pero se trata de trabajos puntuales a lo largo de la temporada.

Hoy es un viernes de abril y mientras hablamos con Jordi Anguera, en su taller de la calle Muntaner de Barcelona, ​​el equipo se prepara para recibir las novias. Con ellas hará sobre todo primeras pruebas: «Ahora empezamos la temporada de pruebas, y aunque ya hemos entregado algunos vestidos, la mayoría los confeccionamos a partir de este mes».

Veintiuna personas forman parte de la firma que lidera Jordi Anguera. Más de la mitad, trece, trabajan en la parte más importante de la empresa: el taller. Ubicado en la misma tienda donde se atienden las clientas, es el corazón de la firma. «Voy al taller, cojo un tejido, envuelvo la novia y empezamos a crear. Plasmo lo que quiere, la idea que tiene en ese mismo momento. Tener el taller y la tienda juntos me permite improvisar», señala.

Para este diseñador que estudió en la escuela IDEP de Barcelona y que ha completado su formación con estudios de danza contemporánea, pintura, fotografía o escultura, cuando se trabaja sobre el cuerpo de la mujer, el proceso creativo toma todo su sentido: «La alta costura es la única forma de trabajar. La persona debe ver todo el proceso creativo, entender la construcción del vestido que llevará y vivirla desde el momento cero».

Por ello, Anguera subraya que opta por los procesos clásicos de costura cuando trabaja su línea de trajes a medida: «Primero hacemos las pruebas con forro, luego presentamos los tejidos y, finalmente, empezamos a trabajar sobre el vestido. En total, hacemos una media de cuatro pruebas. Pero esto depende siempre de la persona con la que trabajamos. Las hay que toman las decisiones muy rápidamente, mientras que otras, necesitan ver el proceso de trabajo mucho más despacio, para ir tomando las decisiones».

 

Más que un único taller

Mientras que un vestido de colección puede entregarse en «cuatro días porque solo será necesario ajustar los detalles que la novia pida», un vestido a medida conlleva innumerables horas de trabajo conjunto en la tienda y el taller. Un 80% de los encargos que recibe Jordi Anguera cada temporada, son vestidos personalizados. Cuando acabe esta, habrá entregado alrededor de ciento setenta vestidos de novia, y entonces será el momento de presentar la colección siguiente. En realidad, mientras está plenamente inmerso en la temporada nupcial, Anguera ya ha seleccionado los tejidos que inspirarán la colección de 2016: «La presentamos en octubre en un desfile para un pequeño grupo de clientas y futuras novias. Nosotros somos pequeños, la Bridal Week es para los que hacen confección», responde cuando se le pregunta por la pasarela de novias de Barcelona.

Desde 2005, en realidad, Jordi Anguera no es tan pequeño. A diferencia de otros talleres, la firma no solo tiene la tienda dedicada a la venta y diseño de vestidos de novia sino que combina este espacio con El Tocador de la Novia. «Es un proyecto que surgió de la necesidad. Las novias nos preguntaban «¿dónde puedo encontrar este complemento, la lencería y los zapatos?». Decidí crear El Tocador de la Novia para que lo tuvieran todo en un mismo lugar». Actualmente, esta firma está presente en seis ciudades de todo el Estado como Madrid, Zaragoza y Alicante: «Se trata de cesiones de la marca. Compartimos la publicidad y la web, pero cada punto de venta tiene su propio producto. Las ciudades son diferentes y lo que funciona en Barcelona, ​​no lo hace en Madrid. Por tanto, el papel de la persona que lleva El Tocador de la Novia, es muy importante. Debe seleccionar la oferta en función de los gustos locales».

El diseñador explica que tiene varias peticiones para abrir otros puntos de venta de El Tocador de la Novia, «sobre todo en América Latina» –concreta–, pero él asegura que «es prudente» y que los planes de crecimiento no son una prioridad. Tampoco para su tienda: «Si tuviera más puntos de venta Jordi Anguera, no podría atender las clientas. El trato que doy o como hago las cosas, nada sería como ahora, porque yo no me puedo duplicar. Si quiero el contacto directo con las clientas, que es lo que te da muchas pistas de las nuevas tendencias, el modelo es este».

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