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Talleres de sueños blancos

16 mayo, 2014

La Coqueteria

Mayo es el mes de las novias. Aprovechamos la cita en el calendario para visitar ateliers de moda, donde transforman sueños blancos en vestidos.

Pasamos una mañana visitando dos ateliers de novias, Érase una vez y La Coqueteria, para acercarnos a una actividad económica que también forma parte del sector nupcial.

A menudo pasa desapercibida ante el gran protagonismo que concentran en esta época del año las firmas líderes de la industria nupcial. Todas ellas han exhibido sus colecciones en la 24ª edición de la Barcelona Bridal Week, celebrada a principios de mayo. Se trata del evento más importante del sector, organizado por primera vez por Fira de Barcelona y que incluye la Pasarela Gaudí Novias y el Salón Internacional Noviaespaña.

Aparte de las más de 200 marcas que han exhibido sus modelos en la Bridal Week, también existen estos pequeños y medianos talleres de moda artesanos –muchos de ellos concentrados en la ciudad de Barcelona– que atienden a clientas que desean un vestido elaborado siguiendo las pautas de una sastrería. La novia puede participar activamente en la elaboración del vestido y se fusionan sus preferencias con la creatividad del diseñador. Así consiguen un diseño único y exclusivo.

– Me caso y me gustaría venir mañana por la tarde con mi madre para ver un vestido. Será una boda sencilla y poco convencional.
– ¿Cuándo te casas?
– En junio.
– Queda muy poco, te daré cita. ¡Tienes suerte! Ha habido una cancelación y podremos atenderte mañana. Estamos muy liados, estas semanas no paramos. Mañana, como mínimo, necesitamos una hora y cuarto para hablar y para que nos lo cuentes todo.

Esta conversación se repite tres veces en menos de una hora en el atelier Ruth Fernández, más conocido por el público como Érase una vez. Un establecimiento en el corazón del barrio de Gracia donde taller y tienda showroom se fusionan ante la mirada de sorpresa y admiración del público que pasea por el barrio. A menudo muchos se detienen para disfrutar desde la calle de una escena recurrente al inicio de la primavera: una novia probándose el que será su vestido más importante.

En el taller de Fernández, o lo que es lo mismo, Rutaurora Maria –nombre con el que la diseñadora de Érase una vez firma sus vestidos en homenaje a sus abuelas– la relación con todas las novias comienza con una primera cita. Entonces se exploran sus preferencias y se conoce al detalle el formato de la boda. «A menudo nos dicen que será una boda sencilla, pero este formato puede incluir celebraciones de ocho personas, como es el caso de la novia que ahora se probaba la glasilla, o de trescientas. El otro día vino una novia que contaba con poco más de una decena de invitados, pero que tenía previsto llegar al Ayuntamiento sobre un caballo. Es indispensable conocer todos estos detalles para poder hacer un buen trabajo», asegura Ruth Fernández.

Ella hace más de once años que se dedica al mundo de la moda nupcial. Estudió Bellas Artes y, después, moda en la Escuela Llotja. «Trabajé un par de años para una gran firma italiana –MaxMara– y, cuando me iban a hacer un contrato fijo, decidí marcharme. Quería tener mi propio negocio. Siempre lo había querido», asegura aún con ilusión. Del relato de esta diseñadora se desprende que la decisión fue acertada y que hoy, con un equipo fijo de cuatro personas, ha logrado consolidar el proyecto empresarial que soñaba cuando veía coser a sus abuelas. «Firmo como Rutaurora María por ellas, pero quien realmente me enseñó a coser bien –subraya con energía– y me hizo entender que un vestido debe ser perfecto por dentro y por fuera, fue mi madre».

Estacionalidad y adaptación

Ahora el taller de la calle Goya de Barcelona cuenta con dos costureras que estos días enlazan puntada tras puntada, en unas jornadas intensísimas de trabajo desde que comenzó la temporada nupcial en abril. «Tendremos mucho trabajo hasta octubre. Después siempre es difícil pasar el invierno», dice la diseñadora recordando que esta actividad frenética es estacional.

La crisis también ha supuesto un reto para el taller de Rutaurora María. Antes contaba solo con una oferta de vestidos de novia desde 1500 hasta 3000 euros, pero desde el estallido de la recesión, incluyó una línea más asequible, desde 500 hasta 1500 euros, «para aquellas clientas que deseaban un vestido diferente y personal, pero que ya no podían afrontar los precios de la primera colección», explica y añade: «Hemos tenido que adaptarnos, claro. Por eso es muy importante poder tener una primera cita con las novias y explicarles qué hay detrás del precio. Un vestido de la primera colección se hace al estilo de una sastrería. Por lo tanto, trabajamos con glasilla y realizamos dos pruebas antes de confeccionarlo. Pero para aquellas personas que no pueden y también quieren un diseño hecho por nosotros, contamos con la otra colección. En ese caso, hacemos el vestido directamente y realizamos los ajustes sobre el cuerpo», detalla la diseñadora remarcando la diferencia de horas y trabajo que existe entre uno y otro sistema.

Cuando llegamos a La Coqueteria, una pareja sale sonriendo. «¿Vienen con la pareja, las novias?», preguntamos. «A veces sí, aunque a menudo vienen con la madre o las amigas», explica la diseñadora del taller, Ana Faustino.

Aquí la disposición del taller y la tienda cambia. Mientras que a pie de calle está la exposición de vestidos de novia y una amplia oferta de complementos y vestidos multimarca, en el piso de arriba se encuentra el espacio de costura y patronazgo. La zona de novias para probarse los modelos exclusivos de Faustino y comenzar a soñar con el vestido deseado está situada al fondo del establecimiento.

Una gran alfombra roja y un espejo gigante presiden esta sala, que está rodeada de vestidos blancos de aire vintage, románticos y llenos de cuidado y de detalles. «A la novia que viene a La Coqueteria le gusta la inspiración vintage, pero busca una línea moderna y al mismo tiempo sofisticada que se adapte a su estilo de vida y al tipo de ceremonia que tendrá», dice Faustino. La diseñadora abrió el atelier y tienda en Barcelona el 2012 y, desde entonces, el sistema de boca en boca e Internet la han ayudado a darse a conocer entre las clientas de «Barcelona y alrededores».

Creaciones románticas únicas

“Creamos vestidos personalizados. En el taller tenemos diferentes modelos que modificamos y adaptamos a cada clienta. Pienso que lo más importante es que un vestido nupcial se pueda adaptar a cualquier estilo y que cada novia sienta que su vestido es una pieza única y hecha especialmente para ella», comenta la diseñadora de La Coquetería.

Faustino también se licenció en Bellas Artes y, posteriormente, hizo un máster en estilismo y diseño de moda. Trabajó varios años en el sector por cuenta ajena y luego dio el salto al emprendimiento para crear La Coqueteria, situada en la calle Girona de Barcelona. Aquí, además de los vestidos, las novias encuentran complementos, tocados y una gran variedad de detalles para el cabello. «Realizamos coronas de flores, tocados de rejilla o flores de tela. Personalizamos todos estos detalles y los hacemos a medida para cada novia», dice Faustino.

La personalización y la atención individual y cercana es, seguramente, uno de los principales atractivos de su taller, así como del de Rutaurora María. Ambas diseñadoras saben que en medio de la variada oferta de las grandes marcas nupciales del país, hay un nicho de mercado que ellas cubren, y una buena prueba de ello es el intenso ritmo de trabajo que estos talleres prevén hasta bien entrado el otoño.

Barcelona nupcial

No hay duda de que la 24ª edición de la Barcelona Bridal Week, celebrada del 6 al 11 de mayo, ha convertido un año más a la ciudad de Barcelona en el centro de la moda nupcial internacional. Una de cada diez novias del mundo  lleva un vestido elaborado en España, según datos de la organización, que este año lidera Feria de Barcelona. El ICEX apunta, además, que este sector factura 341,7 millones de euros al año, gracias a las exportaciones y a las ventas en el mercado nacional. Y una última cifra: 200 marcas han participado en la Barcelona Bridal Week, de las cuales el 50 % son extranjeras, procedentes de Alemania, Bélgica, Francia, Holanda e Inglaterra, entre otros.

La pasarela de la Bridal Week es un motor de negocio y promoción internacional para el sector. Por eso no falta ninguna de las grandes marcas que forman parte de él. Es el caso de Pronovias, que este año ha aprovechado el evento para celebrar su 50 aniversario con una exposición en el Convento de los Ángeles de Barcelona y con su desfile tan esperado en el Pabellón de Italia del recinto Montjuïc de Fira de Barcelona. Por su parte, la otra firma líder del sector, Rosa Clarà, inauguró la pasarela el día 6 de mayo y dio paso a la puesta en escena de nombres como Jesús Peiró, Yolan Cris, Inmaculada García o Victorio & Lucchino, entre muchos otros.

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