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Talleres secretos de novias

5 junio, 2015

Taller de Verónica Miranda / Crédito: Norma Grau

Menos visibles que las grandes marcas del sector, los pequeños talleres de novias ven como crece la demanda, por sus vestidos y por el trato íntimo que ofrecen.

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Barcelona es una referencia mundial dentro del sector de las novias. El grado de internacionalización de sus principales marcas ha hecho posible que se asocie el nombre de la ciudad al diseño nupcial en cualquier parte del mundo. La lista de nombres que lo han conseguido es extensa y la encabeza Pronovias, seguida de empresas como Rosa Clarà o Raimon Bundó. Todas ellas hacen que la industria nupcial sea una actividad económica de gran peso dentro del sector de la moda, y que Cataluña encabece las exportaciones de vestidos de novia y ceremonia que se realizan en el conjunto del Estado. En concreto, las firmas catalanas exportan por un valor de 269.000.000 de euros, lo que representa el 43,78% del total español en 2014. Francia es el principal cliente de estas empresas exportadoras, seguida de Alemania e Italia. Son datos del Departamento de Empresa y Empleo de la Generalitat de Cataluña que, además, subraya que, en 2014, las exportaciones del sector subieron un 23% respecto al año anterior.

Grandes firmas como las que se han ya mencionado, hacen posibles estas cifras. Ellas ocupan el centro de la actividad económica que genera el sector nupcial. Pero la demanda de vestidos de novia es tan diversa que ofrece las condiciones necesarias para que, a su alrededor, surjan pequeños talleres liderados por jóvenes diseñadores con microestructuras empresariales, pero con un creciente protagonismo. Se trata de espacios de creación que conviven con la oferta de las marcas más conocidas y que, gracias a las características singulares de su servicio y de su producto, ven como crece su clientela.

Muy cerca

Cuando una novia decide encargar su vestido en uno de estos talleres, lo hace motivada por un trato individualizado con el creador y, sobre todo, por la posibilidad de trabajar desde cero, el vestido que ella tiene enmente. Estos talleres son espacios íntimos que acercan las clientas a los talleres clásicos de modistería y las invitan a  vivir, muy de cerca, todo el proceso creativo de su vestido. «Cuando llega una nueva novia lo más importante para mí es crear complicidad con ella. Esto es lo que permite que trabajemos juntas y con la máxima confianza desde el primer día. Empezamos hablando de cómo será su gran día, quiero conocer todos los detalles», explica la diseñadora, Verónica Miranda. Ella hace 5 años, que crea vestidos de novia en su propio taller de Barcelona y lo hace con este sello de trato personal que le permite  diferenciarse del resto de marcas del sector.

La creadora Marta Martí es también una firme defensora de la atención individualizada para las novias. Apuesta por un sistema artesanal en el que el vestido final importa tanto como el proceso. «El trato con la novia en el taller es primordial. Es muy importante conectar con ella desde el primer momento. Todo el proceso queremos que sea igual de importante que el vestido que le haremos», describe Martí desde su taller, también en la capital catalana.

Único seguro

Los espacios de Miranda y Martí son un buen ejemplo de estas pequeñas firmas para novias, alejadas de los nombres más conocidos, que viven un momento muy dulce ya que la demanda por sus trabajos está creciendo. «Pienso que todos estamos un poco cansados del fast fashion y de la producción en masa. A menudo ya consumimos este tipo de productos y la novia, por una vez en la vida, quiere un proceso más personalizado y artesanal», resume Martí. Miranda coincide con esta opinión, y añade que «la moda es cada vez más impersonal y las novias buscan vestidos que hablen sobre ellas». Por eso cree que se «necesitan firmas artesanas donde puedan encargarse creaciones de moda totalmente personalizadas».

En el Paseo de Gracia de Barcelona, las novias pueden encontrar otro espacio de estas características. Se trata del taller de Cristina Tamborero. «Me encargo de diseñar todos los vestidos de novia y de fiesta, y cuido todos sus detalles como si se tratara de un hijo», asegura la diseñadora, que ha desfilado recientemente en la pasarela Barcelona Bridal Week.

Las tres profesionales tienen claro que su rasgo más distintivo es la cercanía con la futura novia y la posibilidad de hacer juntas el vestido que ella quiere. «El trato personal es un factor muy relevante para diferenciarnos de las grandes firmas. Nosotros, además, nos preocupamos por el look entero, no solo por el vestido», resume Marta Martí, quien acaba de cerrar un acuerdo con Raimon Bundó para la comercialización de sus diseños en el ámbito internacional.

Subir a la pasarela

Si bien durante estos últimos meses, las tres diseñadoras trabajan al cien por cien de su capacidad, ya que se encuentran en temporada alta de bodas, el mes de mayo ha sido especialmente significativo para Cristina Tamborero. Coincidiendo con el 25 aniversario de la pasarela de novias de Barcelona, sus diseños han desfilado por primera vez en este escaparate. Tamborero, que creó su empresa hace un año, explica que la clave para hacer un buen vestido es coser poco a poco cada una de sus costuras y pespuntes: «Para conseguir un buen resultado, las cosas deben hacerse lentamente y a medida. Un vestido de novia es emoción, ilusión, seguridad, felicidad. Es probablemente la pieza más especial que nunca lucirá».

La posibilidad de recuperar los procesos artesanales de producción de vestidos es lo que motivó a estas tres diseñadoras a emprender su propio proyecto. En el caso de Verónica Miranda había vivido muy de cerca la magia de los grandes talleres de alta costura durante su estancia en París. Entonces, pudo conocer de primera mano cómo se trabajaba en John Galliano, Dior y Lagerfeld Gallery. Su paso por estas firmas internacionales, así como por Josep Font, Teresa Helbig y Sybilla, alimentaron la pasión por las técnicas de costura y, sobre todo, por los géneros más delicados. «Con tejidos de calidad puedo dedicar tiempo a la creación de texturas y piezas únicas. Y
eso solo te lo permite hacer el mundo de las novias», explica ilusionada Miranda.

Nombres como los de Cristina Tamborero, Marta Martí y Verónica Miranda son magníficos ejemplos de las pequeñas casas de diseño nupcial que hay en Barcelona que hacen resurgir con pasión el diseño a medida y el trato directo entre creadores y clientas. Son talleres secretos para novias que aprovechan el potencial de la diversidad de la demanda del sector para posicionarse en la intersección entre la moda, los procesos artesanales y el trato más cercano.

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