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Una maravillosa selección de moda masculina fuera del campamento

25 abril, 2014

The Outpost

Entramos en The Outpost, una tienda barcelonesa multimarca solo para hombres. Está especializada en zapatos y complementos, seduce a clientes de todo el mundo y cuenta con reseñas en prestigiosas revistas y periódicos internacionales. Nosotros queremos conocer el porqué de su atractivo.

«Disculpa que te haya hecho esperar, estaba teniendo un momento muy dulce con unos clientes de Sídney. Venían recomendados, se alojan en el hotel Mandarín y tenían mucho interés en conocer la tienda», explica el creador de The Outpost, Pep Esteva, con una brizna de alegría y entusiasmo que va creciendo al hablar de su proyecto empresarial. Está orgulloso de la «tiendecita», como él la llama. Desde hace seis años, ha volcado todo su conocimiento sobre el sector de la moda para hacer una selección única de zapatos y accesorios solo para hombres, aunque desde hace mucho tiempo piensa en «una Lady Outpost«: una idea que está esperando «una buena oportunidad para hacerse realidad», según reconoce.

Tal y como Esteve explica, la propuesta de The Outpost -que en inglés significa fuera del campamento- es singular, porque «no hay tiendas que solo tengan zapatos y accesorios masculinos en Barcelona, y hay pocas en toda Europa». Hay que tomar su análisis con mucha consideración, ya que es fruto de los 28 años que trabajó en el sector de la moda en Milán: primero en la firma Romeo Gigli y luego en Prada. De la primera fue el director comercial y en la segunda, a la que dedicó 11 años, se encargó de la coordinación de las líneas de hombre y mujer de Prada Sport para el área del Mediterráneo y Medio Oriente.

Regalarse moda

«Cuando cumplí cincuenta años, me regalé la valentía para hacer un cambio», recuerda Esteve, «y decidí volver a Barcelona después de tanto tiempo en Milán». En ese momento, el arsenal de valentía permitía ir mucho más allá. Además de volver a su ciudad, «donde tenía a los amigos y a la familia», decidió iniciar The Outpost y «hacer algo difícil»: una tienda dedicada solo a la moda masculina; «y aún más difícil»: donde solo habría zapatos y complementos; y «para acabar de complicarlo», situarla en la calle Rosselló 281, justo delante de la «Casa de les Punxes» y al margen de la ruta comercial del Paseo de Gracia. «Me enamoré de este local. Inicialmente quería un lugar cerca de las intersecciones con el Paseo de Gracia, pero era el año 2007 y era imposible hacer frente a los traspasos y alquileres comerciales», asegura mientras mira por la ventana del escaparate y disfruta de la maravillosa fachada de la «Casa de les Punxes», del arquitecto Puig i Cadafalch.

Así comenzó la aventura de The Outpost que, aunque Esteve reconoce que «atraviesa tiempos difíciles debido a la coyuntura económica actual», es un atractivo indispensable dentro de la oferta de moda de la ciudad, recomendado a lectores y visitantes por revistas y publicaciones internacionales. «Salimos hace muy poco en el Financial Times y cada mes nos llaman de alguna publicación o guía para pedirnos imágenes. Es un no parar y eso que nosotros no hacemos nada».

Nada y mucho

Con cada pequeño detalle y con grandes decisiones, Esteve reúne en su tienda productos y marcas difíciles de encontrar en un mismo espacio en cualquier otro lugar de la ciudad. «Esta mañana he visitado una empresa que fabrica cajas de seguridad para el transporte para hacer un pedido para la tienda. Vino un cliente extranjero con una funda de tableta y le pregunté quién era el fabricante. ¡Y es de Barcelona! No tienen nada que ver con el sector de la moda, pero he hecho un pequeño pedido de fundas y creo que son maravillosas». Esta es una de las muchas estrategias que Esteve nos desvela cuando le preguntamos cómo hace la selección para The Outpost. Y sigue: «Lo miro todo. De siete a nueve de la mañana miro todas las newsletters de las marcas que me gustan, las actualizaciones de los blogs del sector, reviso las revistas y recorro cualquier lugar donde pueda ver tendencias nuevas. Cuando me falta algo en la tienda y lo veo, lo quiero tener».

Acaba de decir esto y le viene a la cabeza la imagen del hombre de Barcelona, al que siempre tiene presente, y no puede evitar concluir: «todo lo que hago, lo hago pensando en el chico de aquí. Quiero que los chicos de Barcelona tengan todo lo que necesitan para elegir y sentirse bien. Mi tienda está pensada para ellos». En este sentido, explica que en los últimos meses la situación económica se ha traducido en una bajada de las ventas a los clientes de la ciudad, mientras que en paralelo, ha crecido la importancia de las ventas a los turistas.

A todos, a los clientes de aquí y a los de fuera, les atrae poder encontrar a Mr Hare, Balenciaga, Marsella, Pedro Monge, Converse, Parabellum, Never on Sunday, Robinson Les Bains, Montsita Negre, DR Harris y muchas otras marcas juntas en la planta baja del local que ocupa The Outpost en un edificio de 1942, firmado por Duran y Reynals.

«Cuando me falta una marca, creo que no soy nadie y si me llama un amigo de Milán y me descubre a algún diseñador nuevo, hago lo posible por tenerlo. También tengo una selección solo de marcas de Barcelona, entre ellas Bcn Brand, Suit & Fix y Brain & Beast, que son grandes firmas y las tenemos siempre», asegura.

En esta lista de secretos de The Outpost para convertirse en un establecimiento que exige la visita de los amantes de la moda, no se puede evitar hablar de un rincón increíble: el escaparate. «Tengo una dimensión de escaparate perfecta para mi artículo», explica entusiasmado Esteve refiriéndose a uno de los elementos clave del atractivo del establecimiento.

Cada quince días la ventana central de la entrada de The Outpost se convierte en una invitación a soñar. Ahora lo hace con un limonero que «florece mientras lo miran los clientes y la gente que pasa por la calle». Hace pocos días había un sillón de barbero que recogió de la calle y que evocaba pequeños momentos de felicidad dedicados a uno mismo y, un poco más atrás, una motocicleta Vespa «cedida por un cliente» que unía la aventura y la moda en el pequeño habitáculo de cristal.

«Los miércoles siempre me verás paseando por el barrio, porque es el día que sacan los trastos y que encuentro cosas sorprendentes para hacer mis escaparates», dice Esteve. Tiene un presupuesto máximo de treinta euros y, con ese dinero, hace instalaciones y disposiciones que bien podrían presidir la entrada de una galería de arte. En este caso, se trata de una galería de moda a la vanguardia de las tendencias y con la valentía de aquellos que están convencidos de que se acercan a lo que el cliente desea.

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