Entrevista

«Doy toda la vida a una prenda, dejo todo lo que tengo en ella»

Manuel Bolaño, diseñador de moda

Trabaja desde Barcelona, pero su inspiración a menudo proviene de Galicia. De los encajes que hacía su abuela o su madre deja el rastro en sus trabajos, galardonados y admirados en el sector de la moda.

 

Más de cien Barbies nos miran. Elegantes, altivas, preparadas para el mejor desfile, están atentas a todo lo que el diseñador Manuel Bolaño explica desde su taller del Eixample de Barcelona. Ocupan un espacio privilegiado, pueden ser testigo de los éxitos y del día a día del creador de moda. Están diligentemente expuestas, en su despacho, son las primeras en ver los bocetos que acabarán convirtiéndose en las prendas de la próxima colección. Solo con ellas, comparte los secretos de la inspiración en la soledad. A ellas les regala las primicias de sus diseños que suben a la pasarela 080 Barcelona Fashion Week, cada año desde 2008 cuando desfiló su primera colección «Viudas».

 

Enamorado de las Barbies, las colecciona desde hace muchos años, ya no recuerda cuantos. Gracias a la ayuda de buenos amigos, atesora ediciones que nadie encuentra en el mercado y que le han llegado a través de tiendas remotas de segunda mano de algún país del mundo. Las mira con admiración de coleccionista y repasa cada uno de los detalles de los trajes de las muñecas, con el escrutinio propio del diseñador que busca el equilibrio en todas sus composiciones. La misma mirada recorre sus trabajos, buscando la perfección en cada puntada, en cada manga, en cada combinación de texturas. Pero la perfección para él no es sinónimo de armonía. Más bien es el equivalente a convertir fielmente en tejido, las imágenes que tiene en la mente cuando se pone a trabajar en cada nueva colección.

 

¿Pensaba que le irían tan bien las cosas cuando llegó a Barcelona, ​​para estudiar diseño de moda?

Cuando estudiaba nunca pensaba a largo plazo. Mi objetivo era conseguir sacarme el curso y seguir un año más. Estudié ciencias y en la escuela de moda –Felicidad Duce, hoy LCI Barcelona– la mayoría de mis compañeros habían estudiado el bachillerato artístico. ¡Me pasaban la mano por la cara dibujando! Yo estaba un día entero para hacer un dibujo, ellos lo hacían en unas pocas horas. Solo pensaba en sacarme un curso más, sin proponerme grandes hitos ¡porque no sabía dibujar, ni coser!

 

¿Por qué en Barcelona?

Porque había nacido allí y siempre había querido volver. Estudiar en Galicia, donde crecí, implicaba quedarme en un pueblo más pequeño que Lugo y yo quería ir a la ciudad.

 

Ha hecho catorce colecciones. Son 50% imagen y 50% estrategia comercial. ¿Por qué?

Porque primero tengo que hacer ruido para que me conozcan. Hago una puesta en escena que incorpora más imagen y prendas que no están pensadas para vender, pero a veces se venden. Ocasionalmente, me he podido equivocar, pero pienso que si la tienda quiere comprar quince prendas, tanto da que las vea en el 50% de la colección como en el 100%.

 

¿Pero ofrece menos oferta para elegir?

Es una estrategia más lenta, pero te permite hacerte un lugar en el mercado.

 

El resultado son desfiles que han levantado valoraciones como «imposible de vestir».

¡Sí, pero son desfiles! Si le quitas la peluca y el maquillaje a la modelo, las prendas por separado las puedes vestir todas. En todos los looks hay cosas que te puedes poner y cosas que no. Yo no tengo una línea de vaqueros con la que combinar algunas prendas, ni tampoco sé si quiero tenerla, eso lo hará el cliente fuera del desfile.

 

¿Qué aprendizaje le han dejado estas catorce colecciones?

¡Ostras! He aprendido de todo. Por ejemplo, como enviar un estampado que termina funcionando para un tejido y para otro no; como intentar hacerlo tú, porque no tenías dinero y estropear el tejido; que te lleguen las prendas con el tejido al revés y apostar por sacarlas al mercado y que funcionen; quedarte corto con una colección; las negociaciones con las tiendas…

 

¿La gestión empresarial es el talón de Aquiles de los diseñadores?

Sí, no somos comerciales. Cuando estás empezando lo tienes que hacer todo tú. En mi caso hacía los patrones, cosía, iba a las tiendas. ¡Algo tenía que salir mal!

 

¡Ahora ya son cuatro personas en el equipo!

Y quisiera tener una persona que solo se dedicara a la parte comercial. También existe la posibilidad de vender a través de las salas de exposiciones, pero cuando todavía no tienes un nombre consolidado es duro. Te piden un fijo, además de la comisión de venta, para asegurarse sus ganancias.

 

Venden a tres tiendas en España y a dos fuera, en Hong Kong y en el Líbano. ¿Funciona mejor el cliente extranjero?

Mucho mejor. Ahora, además, también estamos buscando posibilidades en el mercado alemán. En la pasada edición, la feria Bread&Butter nos invitó. Pero su calendario coincidía con la 080 y era imposible hacerlo todo y hacerlo bien. ¡No queremos hacer las cosas mal!

 

¿Cuál es su clienta?

En realidad yo iba dirigido a un tipo de mujer y ahora tengo otro.

 

 

Primero, su mujer objetivo.

Una mujer de mediana edad, en el mundo laboral, con un vida social activa y vínculos con la moda. La mujer que me compra ha acabado siendo totalmente lo contrario.

 

¿Cómo es?

Chicas muy jóvenes que ahorran para comprarse la prenda o, incluso, se la compra la madre. También una mujer que tiene más de cuarenta. A partir de cierta edad, probablemente, ya les da lo mismo lo que puedan decir de su estilo. Todas tienen en común que buscan algo exclusivo.

 

¿Dónde está la exclusividad de sus prendas?

Ninguna prenda será igual completamente. Los bordados y los estampados están hechos a mano.

 

Desde hace cinco temporadas, también ofrece diseños para hombre, ¿qué estilo tiene este cliente?

Empecé a hacer estas prendas porque me las pedían y, al final, lo probé con tres looks en un desfile. Se vendieron muchísimo. ¡No me lo creía! Funcionaron mejor que la colección de mujer. Como en el caso de las mujeres, tengo chicos muy jóvenes y hombres alrededor de los cuarenta años. A estos últimos, les gusta mucho la moda y, el fin de semana, quieren ponerse una camisa más especial.

 

¿Qué pasa cuando una colección no funciona?

En general, las tiendas siempre venden más prendas de verano que de invierno. No diría que una colección entera no funcione, sino que hay prendas que no funcionan, sea por el color o por la estética que proyectan. A mí me gusta mucho más trabajar las colecciones de invierno. Poner capas y capas y capas, ¡uf! ¡Me encanta! ¡Son las preferidas! Pero con las que gané los premios de la pasarela 080, fueron las colecciones de verano y creo que no eran las mejores.

 

La estética entre sus colecciones se dispara mucho. ¿Es una estrategia premeditada?

Me salen así, no sé hacerlo de otra manera. También es cierto que la gente se queda con la imagen que se proyecta en los desfiles y hay que ir más allá, para saber qué hace el diseñador. A mí me han etiquetado como el gótico o el que hace osos. ¡Solo he hecho una colección negra y una con osos!

 

¿Necesitamos etiquetas para simplificar la realidad?

¡Sí, y nosotros para cachondearnos de ello, decidimos sacar un oso en cada colección! Así les dábamos motivos. También me han dicho que tengo ciertos aspectos oscuros y yo me pregunto ¿por qué? ¿Por que digo que es una niña lobo? Mi última colección estaba inspirada en niñas lobo que hacían fiestas de pijamas. ¡Como dicen que siempre debe haber algo oscuro en mis colecciones, ya lo busco expresamente (ríe)!

 

Su última colección se inspiraba en su hermana. ¿Hacía fiestas de pijamas de niñas lobo?

(Ríe) ¡Quería hacer fiestas de pijamas!

 

¿Siempre busca una persona para dedicarle su colección?

Mis colecciones son muy personales, las llevo mucho al terreno personal.

 

Esto requiere mucha energía.

Vivo todo lo que me pasa muy intensamente. A veces quisiera que se tratara solo de un trabajo, pero no puedo. Doy toda la vida a una prenda, dejo todo lo que tengo en ella. Hay personas que dan valor a esta forma de trabajar y otras que no lo hacen.

 

Y sus recuerdos familiares en Galicia, juegan un papel importante en su trabajo. Por ejemplo, con la presencia de bordados y encajes.

De pequeño, me maravillaba ver a mi abuela y sus amigas haciendo ganchillo en la calle, en verano. Ahora, en cada colección incorporo encajes y, así, ella también está presente en la colección. Mucha gente no lo sabe, pero es así.

 

¿La moda agota?

En mi caso necesito un descanso. No sé aún qué haré, pero quizá hago la colección y no desfilo… Todavía no lo sé a ciencia cierta, siempre lo digo y, al final, (ríe) ¡desfilar también me gusta mucho! Pero necesito desprenderme de este estrés por un tiempo. Hasta ahora, no trabajo por looks, sino prenda por prenda, a partir de un concepto. Son prendas individuales. El resultado es que todo puede combinar con todo y que requiere más pausa y más tiempo. Ahora sí que quiero trabajar por looks y no diseñarlo todo de golpe, esto simplificará el proceso.

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