Entrevista

«La crisis me ha servido para reafirmarme»

Lydia Delgado, diseñadora de moda

«Voy tomando decisiones sobre la marcha, a medida que veo como va quedando el espacio». La diseñadora Lydia Delgado da así forma a la tienda nueva de la firma, situada en la calle Sèneca de Barcelona. Paso a paso, guiándose por su experiencia –más de 30 años dedicados a la moda–, va terminando los expositores, la iluminación o los soportes visuales que han de proyectar la imagen de marca en el espacio nuevo. El proceso lo lidera ella, porque como nos confiesa «en este trabajo tienes que estar atenta a todo y no te puedes despistar». Le apasiona lo que hace y nos dice que, gracias a ello, «aguanta» las largas jornadas de trabajo y las temporadas infinitas que
se solapan una tras otra, sin tregua.

 

La tienda nueva de Lydia Delgado quiere ser un espacio para soñar, para vivir un mundo de fantasía a través de los vestidos. El cambio de ubicación le permitirá, también, estar «más cerca de Via Agusta» y da más visibilidad a su trabajo para atraer a las clientas de siempre, pero sobre todo al público nuevo. Hablamos con ella cuando faltan pocos días para abrir la tienda. Allí, ha invertido la mayoría de horas en las últimas semanas para abrir lo antes posible. «A mí me da vergüenza hablar de mí misma. Luego, cuando empiezo ya me pasa», nos advierte justo cuando iniciamos la conversación.

 

¿Cómo han sido estos últimos siete años, en plena crisis, para la firma?

La crisis me ha servido para reafirmarme. He hecho lo que siempre he querido hacer. Después del gran bache, las cosas se han resituado de nuevo.

 

La tienda nueva es el gran proyecto que la mantiene más ocupada. ¿Qué le seguirá?

A mí me interesa mucho crear un universo particular y que la gente venga aquí [a la tienda]. Lydia Delgado en Barcelona es una de las tiendas insignia de la moda y mi visión es atraer al cliente internacional.

 

Por lo tanto, ¿no abrirá más tiendas?

Estar concentrado, desarrollar tu mundo propio y que la gente lo visite es la fórmula ideal. Tener tiendas en todas partes, e ir arriba y abajo con la ropa todo el día… me parecía una locura.

 

¿Pero sí que vende en tiendas multimarca?

¡Sí, y tanto! Tenemos este tipo de tiendas en toda España y también fuera en México o Japón, por ejemplo. También estamos presentes en Madrid a través de pop up stores.

 

¿Ha descartado volver a desfilar?

Sí, ya lo he descartado hace tiempo. Pero bueno… todo es posible en esta vida.

 

Y con respecto a las líneas de producto, ¿alguna novedad?

Mi intención es hacer una línea de ropa más cara, como la que teníamos antes. Lo que hacemos y por el precio que lo hacemos, está muy bien. Ahora hay que posicionarse más alto. ¡Lo tengo muy claro!

 

Después de 30 años en el mundo de la moda diseñando, ¿cómo se siente?

Tengo una frescura que me hace sentir como si cada día empezara de nuevo. Un punto de inicio limpio.

 

¿No lo sentía antes?

Te diré que me siento bastante mejor que antes, tengo una fuerza y ​​una seguridad que antes quizás no tenía. Siempre digo que me da la impresión de que los otros me ven como una buena niña. Pero yo tengo un carácter muy fuerte, soy bastante pasional y no soy nada conformista.

 

Comenzó con la pintura, después compaginó la moda con el diseño de joyas y el industrial. Ha probado muchas formas de expresión artística.

Sí, es cierto. Y ahora tengo claro que tenemos un tesoro en las manos. Lo que  hacemos tiene algo muy especial. Me gusta trabajar a mi manera y no me gustan las series de ropa muy largas.

 

¿Y esto funciona desde un punto de vista empresarial?

Mi apuesta empresarial es muy crazy. Se sitúa fuera de lo convencional y de cómo debería ser. Pero tenemos un recorrido muy largo y todo el mundo está muy contento con la ropa que se compra en Lydia.

 

Siempre ha ido un poco a contracorriente.

Le diré que no me gusta verlo todo muy igual. Cuando voy a comprar, me gusta un entorno que me interese. Comprar es algo un poco espiritual, es entrar en contacto contigo mismo. El espacio te ha de llevar a otro mundo, a una dimensión más fantasiosa de la vida, como las películas.

 

¿Y las clientas?

Están todas supercontentas. Me dicen «es increíble, ¡el vestido ha gustado muchísimo! Todo el mundo me preguntaba de dónde era, me decían que parecía superjoven». Mi hija siempre me dice que deberíamos hacer un documental que mostrara cómo
trabajamos.

 

¿Cómo atrae al público más joven?

Mira, hay algo que me gusta mucho y es que las hijas de mis clientas están comprando en Lydia. ¡Esto me encanta! Siempre digo que si solo piensas en tu clientela no vas del todo bien, porque te cierras al público más joven. Es muy importante que la gente tenga frescura y esté muy abierta a cosas nuevas. Hay que tener ilusión y un punto artístico muy fuerte para conseguirlo.

 

Y usted lo tiene.

¡Sí, ahora creo que ya sí! (ríe).

 

Hace una colección con Miranda Makaroff, su hija. ¿Qué tiene de diferente respecto a lo que propone usted en solitario?

Miranda es un producto que va dirigido a un público más joven. Ahora bien, lo compran mujeres de todas las edades. ¡En ocasiones, nos planteamos por qué no hacemos una única cosa y ya está! Siempre vigilamos que no todos los diseños más divertidos los pasemos a Miranda, porque también tenemos un público muy joven que compra en
Lydia.

 

¿Comprar en Lydia es garantía de diferenciación?

Esto me hace pensar que últimamente en la tienda oigo que dicen: «Yo quiero pasar desapercibida». Y yo me planto y digo «desapercibidos no queremos pasar». ¡Esto es muy peligroso interiormente! Quiere decir que no te abres mentalmente, que no tienes ilusión ni locura.

 

¿Y cómo las convence?

¡Te diré que las madres y las suegras son ahora más modernas que las hijas! Las deben convencer ellas para que quieran lucirse. Aunque, afortunadamente, hay mucha gente que no quiere pasar desapercibida. Siempre he enseñado a mi hija que lo más importante es uno mismo y no te ha de importar lo que digan los demás.

 

¿Diseñan juntas, con su hija?

Hacemos de todo y nos coordinamos muy bien. Ella tiene una idea y yo la complemento con la experiencia. Ella hace unos estampados y yo hago otros. Diría que hacemos 50 y 50. Ella tiene un mundo muy lúdico y expresivo que es fascinante.

 

¿Por eso tiene muchos proyectos entre manos?

Lydia no es en absoluto su única colaboración, ella hace mil cosas. Y yo me alegro porque siempre le he recomendado que haga otras cosas. Las hace y las hace muy bien.

 

¿Se lo recomienda porqué el sector de la moda es muy esclavo?

Sí, tienes que estar muy loco y tener una fuerza de voluntad a prueba de bomba. Sobre todo, si eres perfeccionista y lo quieres todo de una determinada manera. No es lo mismo un color que uno que se le parece. Pero es muy divertido y me gusta. Yo me lo paso superbien.

 

Y el diseño para novias, ¿lo ha olvidado?

Lo tengo olvidadísimo porque no llego a todo, sinceramente. ¡Pero los vestidos cuando los hacemos, los hacemos muy bien!

 

Con todo, saca tiempo también para la pintura y los dibujos. Ya ha hecho un par de exposiciones de sus trabajos plásticos.

Estoy entrando en el mundo del arte con mis dibujos. Ahora me estoy tomando más en serio las exposiciones y ¡quiero venderlas al mundo! Me gusta mucho y a la gente también. Me imagino las casas de Londres con mis dibujos colgados…

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