Entrevista

“Barcelona es el origen de la perfumería moderna”

Ramón Monegal, perfumista

Una conversación con Ramón Monegal es un viaje hacia atrás repasando la historia del perfume. Él es la cuarta generación de la familia Myrurgia, y lleva más de 30 años trabajando en la industria de la perfumería catalana. Primero en la empresa que fundaron sus antepasados, y que acabó siendo uno de los gigantes del sector en el Estado español. Después en Puig, que hoy es la gran multinacional catalana del sector del perfume, y que en el año 2000 adquirió la mayoría de la empresa de la familia Monegal. Esta compra supuso el paso de Ramón Monegal al grupo Puig, donde trabajó hasta 2007, momento en el que decidió crear su propia firma.

 

La marca, que lleva su nombre, es la materialización de un sueño vital: crear con total libertad sus propias “imágenes olfativas” —así es como él llama a los perfumes que crea— y venderlas por todo el mundo. Un sueño con el que quiere conseguir que “la marca Barcelona se asocie al arte de la perfumería, de la misma manera que se asocia también a la alta gastronomía”.

 

“El perfume tiene la capacidad de evocar a alguien cuando no está”, dice Ramón Monegal en una conversación que ha mantenido con Barcelona es Moda. En el encuentro, en la tienda atelier que tiene en la capital catalana, el creador de perfumes detalla la estrategia de su empresa, nacida en 2008, y orientada desde sus inicios a la internacionalización y la producción artesana de creaciones propias.

 

¿Usted es una nariz o un perfumista?

Yo soy perfumista, aunque era responsable de las compras de ingredientes de Myrurgia y eso me ha dado una gran formación. Si hacemos un símil con el mundo del vino, las narices son los sommeliers. Ellos dominan los ingredientes a la perfección, pero no tienen capacidad creativa. En cambio, los perfumistas son creadores.

 

Quiere que la marca Barcelona se asocie a la perfumería de calidad y de autor. ¿Es eso posible?

Históricamente, las casas de perfumería escondían el nombre de Barcelona porque estábamos todos acomplejados con París. Ahora, yo estoy luchando para cambiar eso. Tenemos posibilidades de ir por todo el mundo con nuestros productos, sobre todo, de perfumería. Tenemos la mejor cultura perfumista del mundo, y tenemos imaginación, nos falta industria. También tenemos el talento, que puede ser reconocido fuera, el problema es que nadie sale fuera.

 

La industria del perfume de aquí, ¿no ha sido suficientemente reconocida?

Hay una realidad en este sector: si en tu etiqueta sale el nombre de París, todo el mundo te abre las puertas. Si no sale, te toca sufrir. Pero también tengo que decir que he vivido los complejos que tiene la industria española cuando sale fuera, y ¡no quiero más complejos! Puedo ser tan bueno o mejor que cualquier otro [perfumista] de fuera.

 

¿Cómo se puede ayudar a impulsar la imagen de la marca Barcelona?

Les diré que Barcelona es el origen de toda la perfumería conocida moderna. La ciudad debería emitir un sello para que todos los productos que llevan esta marca sean seleccionados si representan a Barcelona, y si el producto ayuda a la imagen de la ciudad.

 

En cuanto al perfume, ¿usted asegura que aquí somos más creativos incluso que Francia o Italia?

Nuestro país no ha sido nunca considerado el origen de la perfumería, pero lo es. Es más, el consumidor español de perfume es el que tiene más cultura olfativa. En primer lugar, somos la única cultura que nos perfumamos desde que nacemos. Además, venimos de una sociedad que tenía el olor al alcance de prácticamente todo el mundo, gracias a los frascos familiares de un litro, que el régimen franquista obligaba a producir y vender sin impuestos. Finalmente, tuvimos ocho siglos de dominación árabe, durante los cuales nos lo enseñaron todo sobre los perfumes.

 

Hablando de vender fuera, usted acaba de entrar en EE. UU. a través de los exclusivos almacenes Bergdorf Goodman y Neiman Marcus. ¿Cómo está funcionando la firma en este mercado tan exigente?

Me cogéis en el año número uno de esta entrada en EE. UU., pero me han abierto las puertas y me han dicho que nunca habían visto productos así. Allí estoy vendiendo a 185 dólares —115 euros— el frasco de 50 mililitros, nadie tiene una posición como esta actualmente. Por otra parte, la diferencia entre el euro y el dólar se explica porque la comercialización en aquel país es muy difícil. Si estableciera allí la empresa, todo sería más fácil.

 

¿Se lo ha planteado?

No, yo estoy atado a Barcelona. Myrurgia nació en Barcelona, un abuelo mío fue alcalde de la ciudad. Tal vez mis hijos o mis nietos tengan que marcharse, pero yo estoy atado a esta ciudad. Eso sí, las administraciones tienen que ser conscientes de que hay que cuidar la industria.

 

¿Qué cree que ha seducido al mercado americano de la firma Ramón Monegal?

El producto, su calidad. Además, una marca se hace con paciencia. Aunque a mí la palabra marca no me gusta. Los distribuidores americanos me preguntaron si mi marca era para vender o para conseguir que dure en el tiempo, y yo les contesté: “mire, este es mi hijo, es la quinta generación”.

 

¿Por qué dice que no le gusta la palabra marca?

Porque la gente está cansada de las marcas. Busca productos diferentes que no estén en todos los puntos de venta y a través de los cuales se puedan diferenciar.

 

¿Sus hijos ya están inmersos también en el negocio de la perfumería? ¿Seguirán su trayectoria?

De hecho, desde pequeños los estoy formando a los tres, y todavía sigo.

 

Además del proyecto de EE. UU., ¿qué otro proyecto tiene sobre la mesa?

La creación de jabones y body milks. En EE. UU. y Japón hay un mercado muy importante para estos productos. Aquí no existe porque el gel ha ocupado el lugar del jabón. Pero antes, España tenía una gran industria de jabonería que era muy competitiva en todo el mundo.

 

Cuando se fue de Puig, ¿lo hizo para hacer realidad su sueño y ser más libre?

Yo soy Myrurgia, y cuando Puig cierra la casa Myrurgia decidí que era el momento de hacer lo que siempre había soñado.

 

¿No lo había podido hacer antes?

El sistema industrial es un sistema de filtros que coarta totalmente la creatividad. Quería hacer mi proyecto aunque fuera en un momento de crisis. No me da miedo la crisis, sirve para ser más valiente. Estoy seguro de que lo que creo puede competir con lo mejor de lo que hay fuera.

 

¿Echa de menos alguna cosa de las que tenía en Myrurgia?

Nosotros partimos de cero en este proyecto. Lo estamos haciendo todo: diseñar los frascos, producir los perfumes en Igualada, comercializarlos a través de los distribuidores. Lo hacemos todo a pequeña escala y muy artesanalmente, utilizando proveedores de aquí.

 

Además de las 14 creaciones que ya tiene la firma Ramón Monegal, también hace perfumes personalizados. ¿Qué precio tienen?

Sí, son creaciones únicas para un cliente, que tienen precios a partir de los sesenta mil euros. Pero pienso que es mejor personalizar un perfume, que hacer uno personalizado.

 

¿Qué diferencia hay?

Si tienes un buen perfume, lo mejor que puedes hacer es utilizar esencias y aplicarlas encima, para conseguir muchos olores diferentes en función del momento del día o el estado de ánimo. Son como maridajes con los que consigues que tu perfume sea muchos perfumes más al mismo tiempo. Cada día puedes cambiar de perfume.

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