Entrevista

“Cuando las modistas toman conciencia de su capacidad creativa, etiquetan sus trabajos”

Laura Casal-Valls, historiadora del arte e investigadora de moda

Viajamos hacia las raíces de la moda barcelonesa de la mano de la historiadora del arte e investigadora de moda, Laura Casal-Valls, que nos habla de las modistas del siglo XIX: empresarias, emprendedoras y creadoras pioneras.

 

¿Por qué desconocemos los nombres de las grandes modistas de Barcelona del siglo XIX? ¿Cuándo y por qué las modistas empiezan a etiquetar sus creaciones? Estas preguntas se las hemos formulado a Laura Casal-Valls.

 

Casal-Valls lleva años investigando la historia de las modistas que en el siglo XIX trabajaban en la ciudad. Inmersa en el tramo final de su tesis doctoral, la historiadora ha querido compartir con www.barcelonaesmoda.com las conclusiones de su última investigación. Una investigación galardonada por el Instituto de Estudios Catalanes, y publicada en el libro Del treball anònim a l’etiqueta: modistes i context social a la Catalunya del segle XIX, (Del trabajo anónimo a la etiqueta: modistas y contexto social en la Cataluña del siglo XIX) de la editorial Duxlem.

 

Conocer los orígenes de la alta costura, de la mano de la investigación de Casal-Valls, permite comprender e interpretar mejor la capacidad creativa que identifica la ciudad de Barcelona y su industria de la moda.

 

“A través del vestido se explican muchas cosas: es un documento en sí mismo. Podemos entender el gusto por el lujo propio de la época, la necesidad, la moral, el nivel tecnológico de la industria”, asegura la historiadora.

 

Pocas personas como Casal-Valls se han dedicado a desempolvar, con tanta minuciosidad, la historia de las modistas catalanas. El relato que reconstruye influye claramente en el camino de la moda catalana en los siglos posteriores.

 

Maria Montagne, Maria Molist, Madame Lebrun o Madame Renaud son los nombres más conocidos de la gran lista de modistas que fueron protagonistas, en el siglo xix, de la reconocida actividad económica del sector de la moda barcelonés.

 

La historia no ha querido, pretendida o fortuitamente, dejarles un sitio en el imaginario colectivo. Así, a diferencia de otros creadores de la época como Balenciaga o Pedro Rodríguez, su trabajo permaneció mayoritariamente anónimo con el paso de los años. No obstante, la solidez del trabajo de Casal-Valls permite entender el papel que desempeñaron estas creadoras, para dar formar a un sector que hoy en día está reconocido internacionalmente: la moda de Barcelona.

 

Barcelona, en el siglo XIX disfrutaba de una importante actividad económica en torno al sector de la moda, protagonizada por modistas de reconocido prestigio entre la burguesía catalana. Aproximadamente, ¿de cuántas mujeres estamos hablando?

A finales del siglo xix había alrededor de trescientas modistas con establecimiento y domicilio fijo. Es una cifra muy grande que se une al hecho singular de que las academias de confección aumentaban, año tras año, el número de alumnas. Son cifras muy grandes si las comparamos con la población de la ciudad en aquella época.

 

¿Por qué no han pasado sus nombres a la historia?

En primer lugar, porque eran mujeres. Además, el trabajo que hacían, artesanal y de confección, no empieza a tener valor hasta el Modernismo. Aquel periodo revaloriza los oficios manuales y eso incluye el trabajo del textil.

 

Además, la historia es muy traidora y no se interesa por la vertiente más social que quiere recuperar la realidad de los trabajadores —en el fondo las modistas eran trabajadoras— hasta más adelante.

 

Además, los vestidos son un objeto efímero y caduco. Nos ha quedado una parte muy pequeña de toda la producción de la época. Y finalmente, muy pocos están etiquetados.

 

Las modistas de Barcelona empiezan a etiquetar en 1880 aproximadamente. ¿Por qué?

Diría que hay una revolución dentro del propio sector. Las modistas se dan cuenta de que lo que hacen no es solo una copia de las creaciones que han visto en París. Toman conciencia de su capacidad creativa. De hecho, la burguesía catalana no solo quiere un vestido hecho por estas modistas, sino que les gusta también toda la aureola de distinción que se asocia al nombre de la propia modista.

 

¿Etiquetan para que las clientas se diferencien entre ellas?

Sí. Empiezan a etiquetar sus piezas porque, paralelamente a su trabajo, surge una producción industrial del vestido, con los primeros grandes almacenes de Barcelona, hacia 1887. Este fenómeno las impulsa a querer diferenciar su trabajo. Se trataba de distinguir sus creaciones, para que las clientas fueran singulares respecto a sus homónimas de clase social.

 

¿Qué hizo que las hermanas Montagne o Maria Molist, junto con algunas pocas más, sí fueran reconocidas?

Ambas tuvieron mucha fortuna histórica. En el caso de las hermanas Montagne, se ha hablado mucho porque quedan sus vestidos etiquetados. Además, un familiar vivo ha podido dar información sobre ellas. No eran las modistas más importantes, había muchas otras que desconocemos y que tenían una clientela muy fija y reconocida. 

 

Joana Valls es una modista de la que no sabíamos nada. Tú estás recuperando su historia. ¿Cómo lo haces?

Buscar información sobre estas personas es muy difícil. En contadas ocasiones existen facturas o se puede acceder a los registros de apertura o al notario que los llevaba. La prensa es la mejor fuente para estudiar estos fenómenos relativamente líquidos —no sabemos dónde acaban.

 

En este sentido, Joana Valls era muy célebre pero no se ha escrito nada sobre su trayectoria. En el año 1885, esta modista ya estaba trabajando, así lo certifican algunos documentos que he encontrado, donde se explica, entre otras cosas, que le embargaron un cuadro de Ramón Casas. No todo el mundo tenía un cuadro del pintor en aquella época.

 

¿Estamos hablando de modistas con un buen nivel social?

Estas modistas no eran mujeres trabajadoras, lo que conocemos como obreras de la aguja. Eran mujeres que tenían relaciones culturales y sociales con los estamentos pudientes de la sociedad barcelonesa.

 

Unas cartas del músico Frederic Mompou dirigidas a su madre te han permitido conocer mejor la vida de la modista María de Mataró. ¿Qué se desprende de estos documentos?

Son un descubrimiento muy valioso. Mompou explica a su madre que María de Mataró se alojó en su casa, en París. Había ido a buscar figurines y modelos a la capital de la moda.

 

De aquellas líneas se desprende que las modistas, a diferencia de otras mujeres de la época, eran capaces de relacionarse con el género masculino sin prejuicios, viajaban solas y tenían contacto con la élite intelectual catalana. Así, pues, podemos entender que estábamos ante profesionales muy emprendedoras.

 

Hablamos del siglo xix, cuando las mujeres todavía tenían reservado un espacio muy reducido en la vida pública. ¿Qué permite a las modistas impulsar sus propios negocios de moda?

Seguramente, al hombre, este sector no le interesaba. La costura era un espacio vinculado a lo que moralmente se consideraba bueno que las mujeres hicieran.

 

A finales del siglo XVIII las mujeres no tenían acceso al negocio de la costura. ¿Cómo consiguen legalizar su situación?

En 1675, se permitió que las mujeres ejercieran en el ámbito de la modistería. Se consideraba que no estaba bien visto que las vistiera el sexo opuesto. Aquel proceso de normalización vivirá su apogeo con la Real Cédula de Carlos III en 1784. Gracias a ella, se permitió a las mujeres, no solo trabajar, sino tener su propio taller y tienda.

  

¿Qué rol representan aquellas modistas en el establecimiento de las bases de la industria de la moda que conocemos hoy?

Me gustaría pensar que tuvieron algo que ver, pero creo que es una idea romántica. El mercado de la moda que conocemos hoy empieza en el siglo xix, pero con unos patrones mucho más globales e internacionales.

 

Pero las modistas fueron pioneras también en patentar sistemas de corte de patrones y confección.

Sí, por ejemplo, el conocido sistema Martí, que todavía se utiliza, lo patentó Carmen Martínez de Misé, en el año 1893. Antes, Carmen Ruíz Alà, en 1877, patentó otro. Ruíz Alà tenía, además, una academia de corte y confección e impulsó los estudios públicos de corte de Barcelona: un gran paso para la formación de las mujeres del sector.

 

En total, entre 1880 y 1914, se encuentran patentados en Barcelona 28 sistemas de corte de patrones, de medida o de confección de ropa de señora. La mayoría de estos métodos fueron registrados por mujeres. Solo 3 fueron registrados con un nombre masculino.

 

Los orígenes de la alta costura en Barcelona, ¿los protagonizan todas estas modistas anónimas?

Se podría concluir que los inicios de la alta costura coinciden con el desarrollo del Modernismo, y fueron unidos a la profesionalización de la figura de la modista como productora independiente, y al reconocimiento de su trabajo.

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