Entrevista

“He tenido que hacer mucha pedagogía, pero quien se acostumbra a llevar sombrero ya no lo abandona”

Gema Galdón, sombrerera y propietaria de Les Catherinettes

Bajando por la riera de Sant Miquel, antes de llegar a la Diagonal, a mano derecha encontramos Les Catherinettes, una tienda que llama la atención por su especialización: los sombreros. Al frente del negocio –tienda y taller– está Gema Galdón, una alicantina licenciada en Imagen y Sonido y en Bellas Artes, master en Interiorismo por la Universidad de Barcelona, y que ha hecho del arte de hacer sombreros su profesión y pasión.

 

¿De dónde te viene la profesión de sombrerera?
Empecé casi por necesidad: no encontraba nada que me acabara de encajar, y como siempre me ha gustado combinar texturas y colores, y tengo cierta habilidad para hacer cosas con las manos –había hecho maquetas–, me animé a hacer piezas para mí. Hasta ese momento no había cosido nunca, ¡y ahora estoy todo el día con la aguja en la mano!

 

Pero de aquí a hacer el salto y tener negocio propio…
Sí, ¡un gran salto! Fue en 2013, en plena crisis. Todo fue rodado. Había empezado a trabajar para diferentes diseñadores mientras daba clases en una escuela en el Maresme (era profesora interina), una amiga me dijo que dejaba este local en la riera de Sant Miquel, lo vine a ver con mi marido y casi sin darnos cuenta nos entusiasmamos. Lo arreglamos y abrí con lo mínimo: una mesa, una silla y material para hacer sombreros.

 

¿Desde un inicio te planteas solo hacer sombreros?
Sí, opté por especializarme porque para mí ya a era bastante complicado compaginarlo con el trabajo de profesora, a parte que pensaba que al cabo de tres meses me vería obligada a cerrar la tienda.

 

¿Pediste algún tipo de ayuda o crédito para abrir?
No, tiré adelante con recursos propios, con los ahorros, y los beneficios que he obtenido siempre los he reinvertido en el negocio. Además, he aprovechado muchos muebles que la gente tiraba y a mí me gustaban… Casi todo el mobiliario de la tienda es reciclado.

 

¿Te encargas de todo el proceso de fabricación del producto?
Sí, hago todo el desarrollo, desde el diseño inicial hasta la comercialización de la pieza. Hasta hace poco colaboraba con una fábrica argentina que producía muy bien y con muy buena calidad, lo que me permitía poder hacer colecciones y aceptar pedidos más grandes, ya que yo invierto entre dos y tres días en hacer un sombrero.

 

¿Y ya no colaboras?
Era complejo, principalmente por la distancia, pero ahora he encontrado otra fábrica aquí, en España, que hace vestidos regionales y que trabaja artesanalmente. De esta manera podré incrementar mi producción.

 

¿Haces colecciones de verano y de invierno?
Sí, igual que todo el sector de la moda. Hago pequeñas colecciones, aunque el próximo paso es poderlas comercializar en otras tiendas. De esta manera conseguiría consolidar la marca.

 

Cuando hablas de marca, ¿te refieres a tu nombre o a Les Catherinettes?
Les Catherinettes es el nombre de la tienda, que se llama así porque abrí el día de Santa Caterina, la patrona de los sombrereros. Y este año he lanzado la primera colección con mi nombre.

 

¿Por qué esta distinción?
Fue una decisión tomada conjuntamente con el equipo externo de marketing con el que trabajo. Observamos que el nombre Gema Galdón tenía más trayectoria y más fuerza que Les Catherinettes y decidimos sacar una línea con mi nombre. La tienda es un espacio más multimarca, donde hay creaciones mías, pero también de firmes reconocidas.

 

Todo ha ido bastante rodado…
Sí, pero hasta el pasado mes de octubre. En los cuatro años que hace que abrí, cada mes he incrementado las ventas y la facturación, menos este octubre.

 

¿Lo atribuyes exclusivamente a la situación política?
Sí, abrí en plena crisis y la gente se paraba a mirar el escaparate y suspiraba: “El día que tenga dinero me compraré este sombrero”, pero lo que pasó en octubre es que la gente estaba preocupada por la situación y nadie miraba el escaparate; nadie se paraba. Yo lo cambiaba -y normalmente cuando lo cambio la gente de alrededor se para a mirar qué hay de nuevo–, pero todo el mundo pasaba de largo… Y esto me hizo sufrir por el futuro.

 

¿Noviembre ya ha sido diferente?
Sí, ya se ha recuperado el ritmo normal, aunque arrastro las pérdidas de octubre.

 

Cuando entra un cliente, ¿qué te pide? ¿Quiere que le aconsejes que sombrero le sienta bien?
Normalmente me pide una pieza pequeña. En general somos discretos y no estamos acostumbrados a llevar nada en la cabeza. Y entonces mi tarea es demostrarle que, como más pequeño más discreto, pero realmente no le favorece.

 

¿Y te hace caso?
Sí, porque busco piezas que encajen con la cara de la persona, con el color del pelo y de los ojos, pero también con su figura, su forma de caminar, su carácter… Hay que tenerlo todo en cuenta y encontrar aquella pieza que otorga personalidad, que se adecua más a cada persona. Y al final los sombreros pequeños acaban en el outlet, y el cliente o la clienta se lleva el grande, que es el que le queda mejor.

 

Pese a la barretina, ¿tenemos cultura de llevar sombreros?
En invierno sí, y en determinadas zonas de Cataluña, como en el Empordà, hay mucha cultura de llevar sombrero tanto en invierno, por el frio y el viento, como en verano, por el sol. Lo que no había cultura aquí es de sombrero de ceremonia. Pero, aun así, he tenido que hacer mucha tarea de “culturización”, de formar a la clientela; hay mucho desconocimiento sobre los tipos de materiales, de sombreros, como llevarlos, cuando…

 

¿Has observado un cambio en estos cuatro años?
Sí, la pedagogía que he hecho se nota. Además, he visto como los clientes repiten y esto es motivo de satisfacción. Normalmente, quién acostumbra a llevar sombrero ya no lo abandona.

 

¿En el resto de España hay más tradición?
Sí, pero es diferente. En el norte, como aquí, se piden sombreros discretos, elegantes y de calidad, mientras que en el sur quieren piezas de colores más vivos, con más adornos, y la calidad no es tan importante.

 

El sombrero tiene que combinar con los zapatos, ¿por ejemplo?
No, no hace falta. Tiene que tener personalidad propia. Hay casos en que sí que se combina, y se hace un total look, pero no es habitual. Por ejemplo, la reina Isabel II de Inglaterra combina sombrero, abrigo, bolso y zapatos, y es uno de los rasgos característicos de su vestuario.

 

¿Quién son tus clientes?
Desde personas mayores que han utilizado sombrero tota la vida y buscan un producto clásico, a gente joven que está muy culturizada en nuevas tendencias, que viaja, que le gusta el arte y que busca piezas únicas, originales…

 

¿Qué te diferencia de las tiendas de sombreros tradicionales?
Los diseños, los materiales y la apuesta que hago, que es más vanguardista y de pieza única. Moldes tengo pocos, porque hago muy free style, que es trabajar con las manos, con vapor, con aprestos… Hay una parte muy importante de investigación, que acostumbro a hacer en épocas que hay menos trabajo.

 

¿De qué tipo de investigación se trata?
Busco, por ejemplo, como endurecer una fibra o como tratar diferentes materiales… Es necesario incidir más en la investigación, ya que se tira mucho material trabajando con el prueba-error, lo que también significa que se pierde dinero y tiempo.

 

¿Trabajas con algún grupo de investigación?
Trabajo con químicos, con comerciantes de droguerías, y con documentos históricos para saber cómo se hacía antes la sombrerería, y de allí extraigo mis conclusiones. Muchos de los productos que antes se utilizaban son tóxicos, como el mercurio, y ahora es impensable utilizarlos, o bien antes también se utilizaba mucho el azúcar y el almidón de trigo, pero el problema que tienen es que son productos orgánicos y los bichitos se comían los sombreros, es necesario buscar nuevas fórmulas. Muchas veces encuentro combinaciones de manera accidental: un día en casa me cayó un detergente encima de una alfombra y observé que se endurecía. Me gustaría avanzar más en investigación, pero estoy sola y tengo que hacerlo todo…

 

¿No tienes a nadie que te eche una mano?
A parte de mi marido, que me ayuda en todo lo que puede, solo he externalizado las redes sociales. Primero empecé haciéndolo yo, pero rápidamente vi que si quería hacerlo bien y obtener unos resultados necesitaba la colaboración de profesionales. Si no lo haces bien, en lugar de ayudarte ofrece una imagen negativa de tu comercio y te perjudica.

 

¿También vendes online?
Sí, pero no a través de la página web de la tienda. Ésta es informativa, donde se explica qué hago y donde el cliente puede conocer el proceso de fabricación, los precios (y su motivo), etc. A la vez también utilizo mucho Instagram, y vendo a través de esta plataforma. Cuando se publica alguna fotografía buena en Instagram, ¡ya sé que este sombrero está vendido! Instagram permite una mayor rapidez, que el cliente se haga una idea del espíritu que hay detrás de Les Catherinettes. Además, el equipo con el que colaboro es fantástico: tengo una muy buena fotógrafa y un muy buen community manager, y esto se nota.

 

¿Qué porcentaje vendes en tienda y qué online?
Las ventas que se realizan en tienda son muy superiores, entorno al 80%.

 

¿Podemos encontrar tus colecciones en otras tiendas?
No, porque no produzco suficiente, y eso que hay tiendas que están esperando que haga este paso. Tengo esperanzas que con esta nueva fábrica que he encontrado aquí, en España, pueda hacerlo, aunque las malas cifras de octubre me han asustado un poco…

 

¿Tienes prevista la proyección internacional?
Sí, pero todo a su tiempo. De momento estoy presente en diferentes guías de Japón y de los Estados Unidos, y a menudo me vienen a visitar firmas extranjeras, lo que significa que cuando vienen a Barcelona me tienen en su tour.

 

¿Y es gracias a acciones de promoción que has realizado?
No, no, siempre me han venido a buscar. No he hecho ninguna acción de promoción ni publicidad, a parte que económicamente tampoco me lo puedo permitir. Tengo la suerte que hay mucha gente que me recomienda, que es la mejor publicidad que se puede tener, y voy a muchos eventos culturales, exposiciones, etc., que es donde se encuentra mi público. Y siempre hay amigos, conocidos, etc., que me piden probarse el sombrero que llevo, se hacen fotos y, como se gustan, en unos días vienen a la tienda.

 

¿A qué atribuyes este éxito?
A la pasión, que para mí es imprescindible, y a la originalidad, la calidad, el hecho de ser un producto artesanal y muy personalizado. Trabajo con materiales de calidad y con diseños que son únicos, exclusivos.

 

¿Cómo tienes previsto crecer?
Ampliando la plantilla. Estoy buscando gente tanto para el taller como para la tienda, pero no es fácil… Busco personas que tengan un feeling especial con el producto y una mayor formación en la profesión de comerciante. Al mismo tiempo, en 2018 me gustaría poder tirar adelante otro proyecto: incorporar en el taller personas con síndrome de Asperger, ya que pienso que pueden disfrutar haciendo este trabajo, y continuar investigando en los turbantes para personas que han perdido el pelo a causa de tratamientos de quimioterapia.

 

¿Cómo son estos turbantes?
Lo que busco es que no se asocien a la quimio. Por este motivo creo piezas transpirables y cómodas, pero favorecedoras y que las personas que las lleven se sientan atractivas, seguras de sí mismas, piezas que denoten estilismo.

 

Y ya para acabar, ¿qué se lleva ahora en el mundo de la sombrerería?
¡Las boinas! Dior y Loewe han hecho boinas y las grandes firmas son las que marcan la pauta, juntamente con la casa real de Mónaco. Hay personas o familias que tienen una gran influencia, y la Grimaldi es una de ellas.

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