Entrevista

Nos conocen por el lema ‘si vas a la Mercería Santa Ana lo encontrarás’

Antònia Felis, miembro del consejo de administración de la Mercería Santa Ana

El suegro de Antònia se sentaba con los clientes que entraban en la tienda situada en el Portal de l’Àngel y pasaban horas hablando de su vida. Era el año 1935 y los inicios de una mercería que se ha convertido en todo un referente en su sector y de las pocas de tota la vida que aún sobreviven. Actualmente, 83 años más tarde, está en manos de la tercera y cuarta generación de la familia Carcassona, con una nueva ubicación en la calle Moles, a unos 200 metros de la ubicación original, dejando atrás una de las calles más cotizadas de Barcelona, colonizada por las grandes cadenas comerciales. Antònia, que acaba de recibir uno de los galardones Rosa de Plata que otorga la asociación Barna Centre, entró a trabajar en la mercería a los 14 años, donde conoció a su marido, y aún hoy treballa allí.

 

¿Por qué el cambio de ubicación?

No era rentable. Por un lado, teníamos un edificio de propiedad familiar en una de las calles más caras de Barcelona que podíamos alquilar y extraer rentabilidad y, por el otro, teníamos que hacer muchas obras y necesitábamos una inversión millonaria que no podíamos asumir. Una mercería no requiere estar en una calle céntrica llena de gente. En el Portal de l’Àngel hay muchos turistas, pero es un perfil de cliente que no entra nunca.

 

Ahora estáis en el antiguo almacén

Exacto y hemos trasladado el almacén a Badalona, porque tenemos 22 representantes en toda España y hacer la distribución desde Portal de l’Àngel era dramático por lo que se refiere a la carga y descarga. A menudo había fiestas locales y ferias que impedían que los transportistas llegaran hasta la tienda o que tuviéramos que bajar los paquetes con carretillas. Y el cliente no quiere explicaciones, quiere el paquete cuanto antes. Cada día iba a peor, era una batalla continua. Ahora en Badalona la furgoneta puede entrar dentro y cada día enviamos un paquete a la tienda.

 

¿Qué cambios habéis podido introducir en la nueva ubicación?

Lo tenemos todo mucho más a la vista y esto también permite que la gente compre cosas que no sabe ni que tenemos. Todo es más accesible y en una única planta. Hemos aprovechado los espacios en las paredes, porque todos los productos los tenemos multiplicados por medidas y colores, y tienes que tener de todo. Antes trabajábamos por plantas con ascensor y con la paquetería era inviable.

 

¿Qué podemos encontrar de la antigua Mercería Santa Ana?

Es una tienda nueva, práctica, pero que conserva la esencia tradicional de cuando se fundó. Hemos conservado los cajones tradicionales, los libros, la disposición de los botones, los muestrarios… Ahora queremos intentar instalar también el montacargas que teníamos, que es muy emblemático.

 

Se puede ver mucho personal atendiendo

En total, contando el encargado y la cajera, 15.

 

Muchos para ser una mercería

Porque son ventas pequeñas pero muy lentas, por ejemplo, cuatro botones de una forma, una cremallera larga para una prenda… productos a poco precio que requieren de bastante tiempo para escoger y un asesoramiento que dé respuesta a cada necesidad.

Pero esto forma parte de la esencia de la tienda. Nuestro objetivo es que la gente que venga lo encuentre, para continuar con la frase que nos ha hecho famosos “si vas a la Mercería Santa Ana lo encontrarás”.

 

Este asesoramiento requiere de una cierta especialidad

Tienes que tener gente que sepa atender y ayudar porque mucha gente viene sin saber qué quiere y busca una solución a su pieza. Tenemos la suerte de contar con trabajadores de tota la vida, que hace 20 o 30 años que trabajan aquí y que casi defienden el negocio mejor que tú, que están contentos, son fieles y se conocen muy bien los productos.

 

¿Es difícil controlar tanto stock?

Hemos calculado que tenemos más de 700.000 artículos, pero no lo podemos tener codificado porque hablamos, por ejemplo, que de cada botón tenemos 10 formas y de cada forma todos los colores. Además, cada dos o tres semanas ponemos cosas nuevas y sacamos otras. En este caso para tener un poco de orden lo tenemos distribuido en cuatro secciones: la de mercería; la de botones; la de puntas, bordados y novias etc y, finalmente, la de labores, lanas y punto de cruz.

 

¿Os ha afectado el consumo digital?

A nosotros nada. Al ser tan especializados la gente quiere ver el color, tocar el material…

 

¿Y vendéis a través de Internet?

Viene algún pedido a través de nuestra web y estamos introduciendo algunos artículos más vendibles a través de plataformas que venden para Amazon, pero sólo cosas más acabadas como estuches para guardar las agujas, que pones las medidas y saben cómo son. Pero es una cosa muy lenta y un complemento de momento pequeño, la tienda es la base de nuestro negocio.

 

¿Cómo os enteráis de las novedades para introducir los productos de moda?

A través de ferias, Internet y de los proveedores que tenemos de toda la vida, que trabajan en el sector de la confección y van dos temporadas por delante.

 

Modas que pueden durar poco menos de un mes

Ahora todo es mucho más rápido, antes tenías la temporada de verano y la de invierno, y ahora es el consumo inmediato. Una cosa que antes no se vendía, ahora se vende mucho durante tres semanas y después lo quemas y quizás en tres o cuatro años vuelve. Se hace un consumo mediático.

 

¿Es complicada esta adaptación continua?

No porque tenemos de todo y acostumbramos a no tirar nada, lo mantenemos. Quizás compramos menos, pero si lo conservas, en el momento que vuelve la moda ya tienes el producto, el proveedor, las medidas y lo vuelves a poner a la venta adaptado al color de moda de aquel año.

 

Muchos barrios se han quedado sin mercerías, ¿esto os ha favorecido?

Sí y no, aquí viene más gente que no tiene tiendas de proximidad, pero también tenemos la empresa de venta al mayor en Badalona que distribuye a otras tiendas y no nos favorece que cierren y se pierdan clientes. Tampoco es bueno que el mercado esté a la baja. Si no lo llevas muy bien y te piden cosas que no tienes, al final la gente acabar por no ir.

 

¿Cuál es el principal problema con el que se encuentran las pequeñas?

Es un tema de almacenamiento, es una inversión muy fuerte porque, por ejemplo, para vender una cremallera tienes que comprar un paquete de 12 y si es de medida o color poco habituales te puede ocurrir que no te vuelvan a pedir otra igual en 10 años. No les es rentable pedirlo. Nosotros intentamos tener de todo, con la filosofía que si no lo encuentras aquí no lo encontrarás en ningún lugar. Esto lo trae el día a día, libretas de faltas, si te piden una cosa haces una foto y la envías al almacén para hacer la búsqueda…

 

¿Cómo podéis atraer a un público joven que cada vez confecciona menos?

Con las novedades que vamos introduciendo. También es cierto que antes sólo venía gente mayor y ahora hay un poco de todo, continua la gente mayor pero también gente joven, muchos diseñadores, lo que antes era la figura de la modista ahora son diseñadores que trabajan para las grandes marcas. También escuelas de costura y modistería que hace 4 o 5 años resurgieron un poco. Ha bajado el target de edad de la clientela.

 

Habéis sabido continuar el negocio de generación en generación

Empezó mi suegro, después mi marido y cuando murió él muy joven entraron mis hijos. Y ahora ya está la cuarta, que es el hijo de mi hijo mayor, que hace tiempo que trabaja aquí y actualmente es el jefe de representantes y ventas. Hemos tenido la suerte que les ha gustado a todos, quizás porque lo han vivido desde pequeños cuando venían a trabajar siempre que había una fiesta escolar.

 

¿Desde entonces ha cambiado mucho no?

Si lo viera ahora mi suegro… en aquella época despachaba él con una señora y estaban tres horas, se sentaban y la clienta le explicaba su vida. Ahora la gente tiene mucha prisa. Todo cambia, pero te tienes que adaptar para continuar creciendo.

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